miércoles, 10 de marzo de 2010

Praga (01).

Praga (...) era el intrincado refugio de los cabalistas, de los astrólogos y de los místicos. Los gitanos habían llevado allí las más vieja de las ciencias, cuyo origen exacto se ignoraba. El vampirismo, el ocultismo, la alquimia, la nigromancia, los tarots y, sobre todo, la vieja magia negra eran los frutos de esa ciudad de calles estrechas, rodeada de bosques. A ella venían los buhoneros a reaprovisionar sus hatos de esos libritos de irregulares caracteres de imprenta, adornados con grabados en madera que representaban diablos con el rabo bajo el brazo mirando al sesgo a quien los cojuraba. Encontrábanse igualmente en esos libros las respectivas marcas de esos diablos menores, la forma de trazar los dobles círculos mágicos, el dibujo de la mano de gloria con una vela de sebo de ahorcado que permitiría al ladrón alumbrarse y, a un tiempo, tornarse invisible.
La inmensa ciencia maldita lo invadía todo. Se desbordaba de las prensas de madera de las primeras imprentas. Y, a través de los bosques de abetos, por puertos de montaña y llanuras, escapaban hacia otros países "El Enchiridion" del papa León, "El Grimorio" del papa Honorio, "El Alberto Magno", "La Gallina Negra" y "La Vera Clavícula de Salomón" de los bíblicos prefacios, que evocaban las dudhaïms de los linderos de los trigales de Palestina, gracias a las cuales Lea se enamoró de Jacob y le dio un hijo.

Valentine Penrose, "La Condesa Sangrienta".