miércoles, 31 de octubre de 2012

Demonología: Las Pesadillas.

(…) El mariscal de Sajonia, al traspasar una aldea, acostóse en una cabaña infestada de aparecidos que ahogaban a los viajeros: Se citan de ello numerosos ejemplos. Mandó, pues, a su criado que velase una mitad de la noche, diciendo que le cedería su cama para dormir la otra mitad y velaría él a su vez. A las dos de la mañana, nada había aún aparecido cuando el criado, sintiéndose con los ojos pesados, fue a despertar a su dueño, que no respondió, y creyéndole aletargado por el sueño le sacudió, una y otra vez, inútilmente. Asustado, levanta la luz, toma las sábanas y ve al mariscal bañado en sangre. Una araña horrorosa le chupaba el pecho izquierdo. Cae el criado de rodillas, reza un padrenuestro y ve que la araña disminuye de tamaño progresivamente hasta quedar normal, aunque hinchada y furiosa. Corre entonces, toma unas tenazas para combatir con este enemigo de nueva clase, coge la araña y la arroja al fuego, produciéndose un humo pestilente y grandes y cavernosos gritos. Hasta después de un largo adormecimiento no pudo recobrar sus sentidos el mariscal, y desde entonces no se volvió a hablar de aparecidos en aquel lugar.
Joan Perucho, "Las Arañas".

¿Quién no ha soñado alguna vez con algo espantoso, y despertando luego, ha dado gracias al Cielo al comprobar que nada había sucedido realmente? ¿Sin embargo, habría algo más terrorífico que constatar que aquel espanto vivido en sueños no es sino realidad?

Nadie sabe de donde vienen los sueños, y aunque se entiende por lo general que sólo forman parte de la fantasía del durmiente, muchos aceptan que pueden ser influidos por fuerzas externas, pues en las mismas Escrituras vemos como el Señor envía mensajes a sus elegidos a través de ellos. En cualquier caso, está muy extendida la opinión de que los peores y más atroces de los sueños sólo pueden ser causados por influencias diabólicas. Los alemanes llaman Alptraum a esas pesadillas, lo que quiere decir "sueño de elfo" por entender que los causan esas criaturas, y los italianos se refieren a ellas directamente como incubi, el nombre de unos diablos que, según la demonología, no es raro que intenten acceder al trato carnal con los seres humanos, en concreto mientras estos duermen. La propia palabra "pesadilla" se refiere al peso muerto que siente encima quien la padece durante el sueño.

Sea cual sea la naturaleza exacta de los seres que causan las pesadillas, a los que aluden con el nombre genérico de ephialtes algunos demonólogos, se dice que moran en refugios malsanos, de aires cargados de miasmas, como en el corazón de un bosque, un sótano abandonado o un pantano, en los que quedarse dormido puede resultar fatal. Las habladurías populares, no obstante, indican esos lugares como malditos, con lo que pocos son los que cometen la imprudencia de pernoctar en ellos. Sin embargo, se sabe que los ephialtes también abandonan algunas noches sus infernales madrigueras y parten en pos de víctimas humanas. Forma parte de la leyenda alemana que los elfos viajen en un caballo diabólico llamado Nachtmahr, nombre que recibe también el corcel del Caballero Voland, pero seguramente se trate de un añadido fabuloso. Por lo general, se les achacan desapariciones de caballos, que aparecen a la mañana siguiente reventados, muertos por el agotamiento. Se puede oír en las poblaciones cercanas a los caminos por donde pasan el trotar del caballo y los espantosos, inhumanos alaridos del diablo de forma vagamente humana que lo monta, aferrándose a sus crines y enredándose entre ellas. En el antiguo reino de Aragón se llama cerdet o follet a la criatura que protagoniza estas cabalgatas nocturnas, y sotré en tierra de Francia.

No dejéis que la pesadilla, rondando
Cerca de mi lecho, el sosiego del sueño destruya.
Matthew Gregory Lewis, "El Monje".

Cuando encuentra a alguien dormido a la intemperie o en el lecho de una casa en la que pueda penetrar, se sienta sobre su pecho y, poniéndose cómodo, comienza a robarle las fuerzas, quitándole el aire de su aliento o incluso causándole una pequeña mordedura por la que beber de su sangre. En el dormido aparece un sentimiento insoportable de terror, todas sus angustias se reúnen en sus sueños y el más ominoso abatimiento se apodera de él, mientras nota un enorme peso sobre su pecho que le ahoga y le impide escapar, haciéndole temblar como un azogado y, por lo general, manteniéndole incapaz de despertar. Y peor sería si pudiera abrir los ojos, pues sólo conseguiría seguir soñando despierto, mientras observa al maléfico ephialtes tomar una figura espantable, a veces la de una gigantesca mano muerta, otras la de una araña enorme y alucinante, que se alimenta de su vigor sin permitirle moverse ni recuperar su voluntad hasta que se sacie. Es raro, eso sí, que la criatura llegue a matar a su víctima de una vez, aunque bien puede suceder si cobra afición por la misma, y vuelve durante varias noches consecutivas, hasta acabar completamente con su vida…

Por supuesto, es imposible que caigan estos ataques diabólicos sobre alguien que esté durmiendo en un lugar sagrado, o sobre quien obren las oportunas protecciones místicas.

(Ilustran esta entrada "Spirit of the Night" del artista Cliff Nielsen y un fragmento de la versión de 1791 de "La Pesadilla" de Johann Heinrich Füssli.)

miércoles, 17 de octubre de 2012

Sobre los hebreos.

Era este judío rencoroso y vengativo, como todos los de su raza, pero más que ninguno, engañador e hipócrita. (…) Inútilmente los muchachos, para desesperarle, tiraban piedras a su tugurio, en vano los pajecillos, y hasta los hombres de armas del próximo palacio, pretendían aburrirle con los nombres más injuriosos, o las viejas devotas de la feligresía se santiguaban al pasar por el dintel de su puerta como si viesen al mismo Lucifer en persona. Daniel sonreía eternamente, con una sonrisa extraña e indescriptible.
Gustavo Adolfo Bécquer, "La Rosa de Pasión".

El idioma que los judíos usan en sus ritos sagrados es el que, dicen, usó Dios para crear el mismo mundo mediante Su Verbo, así que sabios de todas las naciones buscan aprenderlo y conocer a los maestros de la Cábala que puedan descifrarles sus secretos. Muchos hijos de Israel se dedican a ingeniosos oficios, sea como artesanos, orfebres, joyeros, administradores y contables, y los que se eligen el comercio suelen conocer los astutos medios para alcanzar el éxito. Los patriarcas de los que dicen descender son también los de la religión cristiana y la musulmana. Y, pese a todo esto, o tal vez por su causa, no hay pueblo más odiado, vilipendiado y atacado que el pueblo hebreo.

Considerados acérrimos enemigos de la fe cristiana, ya que habiendo nacido el Mesías entre ellos lo rechazaron, son acusados habitualmente de ejercer la hechicería, de llevar negocios fraudulentos y de causar, a veces, malignos daños a sus vecinos cristianos, sea envenenando sus aguas, perjudicando las cosechas mediante magia, ensuciando la pila bautismal de las iglesias, o de otras mil maneras. Más aún, existen casos, mil veces asegurados como ciertos, de niños muertos en una fatídica noche de Pascua por algún grupo de judíos, remedando la muerte que sus propios ancestros dieron a nuestro Señor, crucificándoles y dándoles martirio en lugares apartados. Baste mencionar al Santo Niño de la Guardia, así muerto en 1491, a quien posteriormente se le extrajo el corazón para que sirviera como sacrificio en un rito brujesco, y cuya historia es habitualmente mencionada con terror (y con veneración por el martirizado inocente). Se asegura que los hebreos no comen la sangre de los animales que sacrifican, pero algunos tienen aparentemente predilección por la de origen humano. No hay niño que se deje sin vigilancia habiendo judíos presentes, pues se teme que puedan robarlo, torturarlo y beber su sangre. En un juicio de 1494 por esta causa en Tyrnau, ciudad del reino de Hungría, en el que fueron torturados incluso mujeres y niños, admitieron algunos de ellos bajo el potro y el hierro que ciertos hombres de su comunidad estaban menstruando, cual mujeres, y que en el beber sangre cristiana descubrieron un terrible remedio a su dolencia (que no era sino, indudablemente, un castigo del Cielo). En Bösing, villa también húngara, son quemados en la hoguera el año de 1529 unos treinta judíos, por similar acusación.

Celebrábase tranquilamente por los cristianos la Navidad de 1468 cuando vino a turbar su quietud la irritante nueva de que los judíos de la Aljama de Sepúlveda, aconsejados por su rabino, Salomón Picho, habíanse apoderado de un niño cristiano, y llevándole a un muy secreto lugar, cometido en él todo linaje de injurias y violencias. Al fin, poniéndole en una cruz, habíanle dado muerte, a semejanza de la que al Salvador impusieron sus antepasados.
Diego de Colmenares, "Historia de Segovia", 1637.

No todo el mundo tiene por ciertas estas historias, o al menos no todas, por habituales que sean, pero, en cualquier caso, siguen despreciando a los judíos por lo que son. Qué realicen prácticas de una religión que niega a Cristo y que además las lleven a cabo con reserva y aún secretismo exaspera a sus vecinos y a algunas autoridades. Aunque la mayoría son pobres, algunos han alcanzado la prosperidad en sus negocios, procurando mostrarse respetables y no ostentar grandes lujos, sin que ello les salve de envidias y murmuraciones, mientras se les acusa de avarientos.

Así pues, han sido expulsados recientemente de las Españas y luego de Portugal. Para evitarlo, muchos se han convertido forzosamente al cristianismo, aunque entre ellos los hay que han procurado mantener, en secreto, los ritos de su anterior fe. Esto es objeto de constantes acusaciones y del estrecho acoso de la Inquisición sobre los conversos buscando lo que llaman "judaizantes" (o directamente "marranos") entre ellos. Quienes demuestran ser inocentes de estos cargos pueden incluso llegar a prosperar en alguna administración, convirtiéndose en secretarios, consejeros, recaudadores de impuestos o jueces… O al menos será así hasta 1547, cuando se imponga en las Españas el estatuto de Limpieza de Sangre, es decir, la demostración legal de que no se desciende de conversos judíos ni musulmanes como criterio ineludible para alcanzar cualquier cargo público…

Si no va a consentir Dios que se le quite a un judío lo que le sobra para dárselo a un cristiano que le falta, poco entiendo yo de teología...
José Luis Cuerda, guión de "La Marrana".


Los que marcharon, conservando así su religión, lo hicieron al precio de no poder sacar su oro ni otras ciertas riquezas del país, vendiéndolas apresuradamente y con pérdidas que les empobrecieron. Algunos de estos sephardim (sefardíes, pues así se llamaban a sí mismos los judíos de la Península) tomaron el camino de Francia, de Flandes o de la Berbería. Muchos más hallaron refugio entre los ashkenazim (asquenazíes, centroeuropeos) del Sacro Imperio o del reino de Polonia, y aún la mayoría llegó al Imperio Otomano, donde era bien asentada una gran población de mizrahim (orientales), siendo los desterrados bien recibidos. Lo cierto es que esta expulsión no es la única que sufren los judíos en esta época, pero sí la más numerosa e importante. En cualquier caso le siguieron expulsiones de la Provenza, de Brandenburgo, del antiguo reino de Nápoles (bajo control español) en 1540 y de Génova en 1550…

En las ciudades europeas habitadas por judíos, estos se ven obligados a vivir en un barrio aparte y a llevar, cuando salgan de él, una señal en sus ropajes que señale su condición. Esas señales pueden ser tan sencillas como un círculo amarillo cosido sobre la ropa, o una boina roja. En cuanto a los barrios o juderías suelen hallarse en una zona vieja, de calles estrechas y serpenteantes, que van siéndolo aún más cuando los hebreos tratan de construir alguna casa o edificio sin exceder los límites de su zona. Suelen estar amurallados, para separar en lo posible las actividades que allí tengan lugar de las de los cristianos, y para poder cerrarlo de noche o en caso de que en algún arrebato de violencia las gentes intenten asaltarlo, para poner fin a la vida de sus habitantes… Las guardias locales tienen, por supuesto, órdenes de proteger esta muralla tanto como la exterior de la ciudad.
Es destacable la judería de Worms, ciudad llamada por los hebreos Vermaysa, en la que hay un verdadero centro de enseñanza y tradición judaicas y donde puede encontrarse al Reichsrabbiner (rabino supremo del Sacro Imperio). También son notables la de Espira (donde la guardia de los muros del barrio es reclutada y mantenida entre sus propios habitantes), la Judengasse de Frankurt (seguramente la mayor del Sacro Imperio), el relativamente próspero y bien organizado Judenstadt de Praga, el Joods Antwerpen de Amberes, el Mont-Juif de Marsella, el Pletzl de París y el Monte Capitolino de Roma. En Venecia el número de judíos (asquenazíes emigrados e italkim, oriundos de las Italias) es tal que las autoridades se han decidido, en 1516, a reunirles a todos en el ghèto, mientras en la isla de Rodas se ha establecido un creciente barrio sefardí. Una excepción a todo esto es la ciudad de Cracovia, donde hay tal cantidad de judíos que no viven en una judería como tal, excediendo los límites del Kazimierz, donde se concentra la mayoría de sus viviendas.

Las costumbres hebreas más notorias (y que son más vigiladas en los conversos) son la circuncisión de los hijos, el descanso el sábado en vez del domingo, y la prohibición común a los musulmanes de comer carne de cerdo. Al contrario que los cristianos, los varones judíos no se descubren al entrar en su sinagoga o templo, sino que mantienen sus gorros o sombreros, y se sientan aparte de las mujeres. Sus rituales, dirigidos por un rabino, experto en la tradición mosaica y líder espiritual de su gente, se realizan celosamente ocultos de la vista de los gentiles, utilizando parafernalia como candelabros, velas y aguamaniles, además de grandes pergaminos con los textos sagrados y un ruidoso cuerno de carnero, siendo en general incomprensibles para el profano.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Una broma entre gentileshombres.

Es asimismo buena manera de hacer burlas, en la cual también se pueden fundar gracias, cuando mostráis creer que uno quiere hacer una cosa, y en la verdad no quiere hacella, como estando yo una tarde, después de cenar, en la puente de Lyon, y andando allí burlando con Cesare Beccadello, comenzamos a trabarnos de los brazos como si quisiésemos luchar. Esto hacíamos porque nos parecía que en la puente no había nadie, y estando así acudieron dos franceses, los cuales, viéndonos tan revueltos, preguntaron qué era, y paráronse por ponernos en paz, pensando que reñíamos.


Yo entonces prestamente dixe: Ayudadme, señores, que este cuitado de hombre a ciertos tiempos de luna enloquece, y veis aquí agora como le ha tomado esta locura de quererse echar de la puente abaxo. Aquellos dos entonces arremetieron, y juntamente conmigo tomaron a Cesare, y teníanle muy asido, y él siempre volviéndose a mí, decíame que yo era loco y forcejeaba por descabullirse, los otros entonces teníanle más recio, de manera que comenzó a cargar mucha gente, y cuanto más el buen Cesare andaba dando de las manos y de los pies, porque ya estaba enojado, tanto más era la gente que acudía, y viendo todos la fuerza grande que él ponía por soltarse, tenían por determinado que todo aquello hacía por echarse al río, y por eso trababan más reciamente dél. Llegó la cosa a tanto, que al cabo muchos se juntaron para tomalle, y así cargando todos dél, le llevaron en peso al mesón, todo desbaratado y sin bonete, y amarillo de cólera y de vergüenza, que, en fin, no le aprovechó cosa que dixese, porque de una parte los franceses no le entendían, y de la otra yo también, ayudando a llevarle al mesón, andaba siempre doliéndome de su desdicha que así hubiese enloquecido.

Baldassare Castiglione, "El Cortesano", 1528.

martes, 4 de septiembre de 2012

Útiles para la práctica cirujana.

Que mejor para complementar estas entradas anteriores que mostrar algunas imágenes, seguramente muy aclaratorias, sobre el instrumental utilizado por los cirujanos en el mundo de Feldkirch...

Grabado que muestra una mesa de operaciones idealmente equipada.

Hierros para realizar cauterizaciones poniendo su extremo al rojo vivo, según grabado de Johannes Wechtlin aparecido en el "Feldbuch der Wunderartzney" del cirujano Hans von Gersdorff, 1517.

Hierro para cauterizar.

Pinzas especiales para la extracción de flechas, 1540.

Punzón especial para la extracción de balas.

Sierra para amputación, anticuada, del siglo XIII.

Sierra para amputación fabricada en el Sacro Imperio, 1540.

Cuchillo, también para amputación.

Tenazas para extracción dental.

Escalpelos.

Conjunto de lancetas para sangría, de distintos tamaños y formas.

Ventosas de vidrio, para calentar y aplicar sobre la piel,
aliviando congestiones humorales o ayudando a la sangría
si se ponen sobre una zona punzada con la lanceta.

Aparato para trepanación propuesto por Hans von Gersdorff
en su libro antes mencionado.

Tijeras.

martes, 28 de agosto de 2012

El arte galénica (02).

Esta entrada continúa la entrada que encontraréis aquí.

La Cirugía y los cirujanos.

-Deberíais ir a ver al cirujano -le dijo el tabernero.
Henri-Maximilien le contestó que todos los cirujanos merecen llevar albardas.
Marguerite Yourcenar, "Opus Nigrum".

El cirujano "de carrera" ha tomado lecciones en la universidad o en alguna escuela médica, y se ha licenciado allí, que no doctorado. La práctica en la curación de enfermos y heridos hace el resto de su formación, y de ahí en adelante puede establecerse como profesional por cuenta propia o ser contratado en algún hospital, ya que los responsables de esas casas de enfermos suelen ser religiosos, que están por lo general dispuestos a cuidar y a ayudar a bien morir a sus dolientes con más voluntad que ciencia, aunque a veces alguno de ellos pueda tener ciertos conocimientos de cirugía. Tal vez, y con suerte, pueda nuestro cirujano establecerse en una casa rica, en la que un enfermo crónico pero adinerado necesite cuidados constantes…

En cualquier caso, muchos cirujanos (por no decir la mayoría) no tienen ese origen, sino que son de los llamados barberos cirujanos o incluso barberos sangradores. Se trata literalmente de barberos con licencia para realizar ciertas operaciones, cuyo oficio, que ha tratado cotidianamente y durante siglos con el cuerpo humano y con cuchillas les ha dado, por lo visto, cierta proximidad con la medicina práctica… No es raro que por su cuenta traten de instruirse mediante la lectura de los libros de anatomía y medicina que puedan caer en sus manos, y aprendiendo con otros cirujanos, pero lo cierto es que se inician en el oficio como mancebos en la misma barbería, siendo su única gran ventaja la práctica constante que han realizado.

Lo cierto es que ambos grupos suelen cruzarse acusaciones de intrusismo nada tolerantes, y hay a veces enfrentamientos legales, dada la naturaleza gremial de las profesiones. Por supuesto, los cirujanos no pueden asociarse al gremio de médicos (dado el menosprecio de los doctores por sus actividades "meramente accesorias"), y es raro que las autoridades entiendan por qué deben darles permiso para establecer un gremio propio, cuando ya hay uno de médicos y otro de barberos…

Una bolsa llena de potingues.
¿Qué porta el cirujano en la bolsa o pequeño cofre que le acompaña? Los útiles que no pueden faltar son sin duda la cuchilla, la sonda, las tenacillas, la lanceta para sangrías, vendas limpias y aguja e hilo. Además son indispensables ciertos ungüentos, que tienen por fin limpiar o ayudar a la cicatrización de las heridas.

La aguja y el hilo pueden ser de varios tipos, y el profesional avisado no carecerá de ellos. Por ejemplo, para suturas internas ha de utilizarse un hilo de intestino animal, cuya materia, una vez cumplida su función, es absorbida por el cuerpo, dada su naturaleza semejante. En cambio, ante heridas supurantes y tras secarse el pus mediante un ungüento para facilitar su eliminación, se usa para cerrar la llaga un hilo duro como el de zapatero, para que él mismo no se corrompa y caiga. Por supuesto, tanto las agujas como las cuchillas que se utilicen han de ser purificadas, y esto se hace calentándolas directamente en una llama, por lo que la bolsa profesional bien preparada podría incluir una lamparita de aceite o alcohol, a modo de hornillo.


En la apoteca.
En cuanto a los productos de botica que puedan acompañar al cirujano son de lo más variado según necesidades, desde pócimas, infusiones y tabletas de diversos efectos hasta pociones que se extienden sobre la piel como emplasto, pasando por errinas para enjuagar el interior de la nariz. No son raros tampoco los preparados en forma de poción o polvos que van metidos en un saquito de tela o cuero, que se aplica sobre una zona concreta del cuerpo, como los cucufos en forma de bolsa pinchada para colocar sobre la cabeza.

Todos estos específicos de botica tradicional están basados en la Herbolaria, mediante la selección, mezcla, infusión, y maceración de todo tipo de plantas de probadas propiedades, naturales del país o de origen exótico, que al mezclarse unas con otras causan los efectos deseados. Además se les añaden productos de virtudes apropiadas de origen animal (sean sangre, carne, órganos o pieles) o mineral (hallados en el cuerpo de los animales, como la bufonita del sapo, la alectoria del gallo o el bezoar de la cabra, o bien cristales o piedras comunes rallados o en polvo). Algunos materiales pueden ser más caros y difíciles de obtener, como perlas para disolver en vinagre y polvo de oro o de piedras preciosas, aunque bien es cierto que, según los clientes, el boticario puede hacer ciertos arreglos: Donde no puede encontrarse o pagarse el cuerno de unicornio se puede utilizar el de ciervo. Y por cierto, sí, unicornio, (que no debe confundirse con el rhinocerus o abada de las Indias Orientales, bien documentado en el famoso grabado de Durero) pues es posible encontrar ese producto en algunos mercados, por más que al verlo haya quien no deje de señalar con suspicacia que suponía ser aquel un animal imaginario…

Sangre, sudor y lágrimas.
Ya que, al contrario que el médico, no ha realizado el Juramento Hipocrático, el cirujano es completamente libre de operar en el cuerpo del paciente, cortando, pinchando y extrayendo cuanto sea menester. La sangría, por ejemplo, es realizada muy habitualmente y a todo tipo de enfermos. Consiste en la extracción controlada de sangre con el fin de descargar los malos humores del organismo, mediante una lanceta con la que se punza la vena pertinente, aunque según casos pueden utilizarse sanguijuelas vivas. Estas pequeñas vampirillas son trasportadas en un recipiente cerrado con agua y colocadas una a una sobre la zona oportuna del cuerpo del paciente, retirándolas cuando se hallan ya hinchadas de beber.
De modo cotidiano se realizan vaciados de abscesos, aplicaciones de purgas y lavativas, extracciones de cálculos de riñón o vejiga y operaciones de hernias. Los maestros cirujanos llegan a trepanar el cráneo de los vivos sin matarlos y a extraerles la piedra de la locura, que causa esa afección.
Por su parte, el barbero cirujano debería limitarse por su licencia a las sangrías, suturas de heridas, colocación de emplastos (o "sinapsismos") y eliminación de verrugas, además de los habituales afeitados, despiojamientos y cortes de pelo, pero muchas veces alguno de ellos se extralimita y bien por atrevimiento o bien por acuciante necesidad, llega a realizar operaciones de más calado.

La guerra también reclama a los cirujanos, siendo tal vez en la práctica de la medicina de campaña donde estos encaran sus mayores retos, dada la habitual falta de tiempo y de materiales y el constante enfrentamiento a heridas terribles. También es, por supuesto, donde los métodos quirúrgicos se vuelven más expeditivos. Las heridas abiertas se bañan con aceite hirviendo y a los muñones de miembros cortados se les aplican hierros al rojo vivo, en ambos casos para cauterizar in extremis los vasos sanguíneos y evitar la pérdida de sangre… Y ante cualquier herida gangrenada o purulenta en un miembro, o una fractura abierta en la que el hueso haya atravesado carne y piel, se recurre a la amputación sin dudarlo.

Es importante señalar que, en cualquiera de estas operaciones tanto civiles como militares, los medios para paliar el dolor son escasos, si es que hay alguno presente… Se considera una brutalidad dar a un doliente píldoras de opio, o láudano obtenido alquímicamente, pues es sabido que tales substancias son venenosas y administrárselas a alguien es como intentar asesinarle. Así pues, si es necesario, emborrachar con aguardiente al dañado puede ser la mejor opción, si bien es posible que sea el propio dolor lo que consiga que, piadosamente, se desmaye antes de que la operación llegue muy lejos…

Cirugía en términos de juego.
• Realizar Operaciones. Un personaje con la Habilidad de Cirugía puede realizar operaciones bajo prescripción médica a un doliente, con las que mitigar sus dolencias. Será necesario realizar una tirada exitosa con esa habilidad, siendo la Dificultad Variable entre la realización de una sangría o vendaje (Mediocre), una amputación o similar (Buena), y la extracción de la piedra de la locura (Excepcional).

• Primeros Auxilios. Un personaje con la Habilidad de Cirugía puede realizar una cura de primeros auxilios a un herido. Realizará una tirada de Cirugía, necesitando un resultado de Bueno o mejor. Si el propio cirujano u otro personaje que le esté auxiliando cuenta con la Habilidad Medicina, puede realizar una tirada de esa Habilidad con Dificultad Buena, rebajando la Dificultad de la tirada de Cirugía a Mediocre si tiene éxito.

El éxito en la tirada de Cirugía cura todas las heridas en un nivel (Herido a curado, Herido Grave a Herido, etc.). A un personaje sólo se le pueden aplicar una vez los primeros auxilios. Si es necesario proseguir la curación el cirujano debe esperar al día siguiente.

• Curación de Heridas. Un personaje con la Habilidad de Cirugía puede realizar un tratamiento de curas. Realizará una tirada de Cirugía para curar a un Herido o un Herido Grave, dos para curar a un Incapacitado y seis para curar a un moribundo, pudiendo realizar una tirada al día. Cada tirada de Cirugía necesitará un resultado de Bueno o mejor, aunque el personaje puede ayudarse de la Habilidad Medicina propia o de un colaborador para rebajar la Dificultad a Mediocre, como en el caso de los primeros auxilios.

El éxito en la tirada garantiza la curación del personaje, pero el tratamiento necesita cierto tiempo: Un Herido se recupera en un día, un Herido Grave en tres días, un Incapacitado en una semana y un Moribundo necesita al menos un mes para curarse del todo. Cada tirada fallada debe ser repetida en otro día, retrasando así en un día la recuperación del herido.

viernes, 10 de agosto de 2012

Demonología: El Doppelgänger.

De repente se alzó desde la profundidad un hombre desnudo hasta la cintura que me miró fijamente, de un modo espectral. Sus ojos, como su horrible risa, eran propios de un demente. El resplandor de la lámpara iluminó su rostro. Me reconocí a mí mismo y pensé que mis sentidos fallaban.
Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, "Los Elixires del Diablo".

En las fechas señaladas para referir historias de terror, es raro no escuchar ciertas anécdotas que, suenan tan parecidas pese a sus variantes, que se dirían versiones de la misma leyenda, si no fuera porque el narrador suele jurar y perjurar que fue testigo directo del asunto. A veces se trata de la aparición de una persona conocida que se halla en realidad en otro lugar, que poco después de la visión, cae repentinamente enferma. Otras, de alguien que llega a su hogar o a su lugar de trabajo, para al cabo de poco desaparecer de golpe. Cuando algo después llega la misma persona, asegura no haber estado allí antes y muestra no saber de qué le hablan. Los testigos de esto suelen tomárselo como una advertencia ominosa sobre la fortuna de esa persona en particular, pues muchas veces le sobreviene en breve una enfermedad o accidente. Aún otros llegan más lejos, y aseguran que tal o cual paisano se encontró con una figura que era la suya propia enteramente… Y que el terror de este encuentro con uno mismo precede a una muerte inminente.

¿Quién es este doble? En las tierras del Norte le han llegado a poner nombre: En alemán, es el Doppelgänger, el "doble caminante", y los escandinavos lo llaman vardøger, palabra que describe la señal invisible de la pronta llegada de alguien.

¿Por qué augura desastres o enfermedades? ¿Y porqué su encuentro es fatal? Tal vez sea algún espíritu de sutilísima substancia capaz de tomar la forma de los demás, para aterrorizarlos y llevarlos a la ruina. El Diablo, a fin de cuentas, opera de muchas maneras buscando siempre la perdición del hombre… Si ese doble existe de verdad, podría ser que mientras uno vive una vida laboriosa e inocente, esa sombra capaz de caminar con pies mortales se dedique tal vez a la violencia y la degeneración. ¿En qué podría ampararse ese inocente, si se descubren unos crímenes que llevan su huella, pero que simplemente no recuerda haber cometido? ¿Quién no reconocerá en las temerosas negaciones de los (sin duda) propios actos, la mentira o directamente la locura? La justicia no podría admitir la superstición como válida, si esta fuera invocada, y haría caer su peso sobre el inocente. Tal vez le aguardara incluso el castigo divino. ¿Quién sabe?

-¿Quién eres?
-Soy el hombre que debía casarse con la muchacha que tú no habrías elegido, que debía tomar el otro camino en el bivio, beber del otro pozo. Al no elegir has impedido mi elección.
-¿Adónde vas?
-A una posada distinta de la que encontrarás tú.
-¿Dónde volveré a verte?
-Colgado de una horca distinta de aquella en la que te habrás colgado tú.
Italo Calvino, "La Taberna De Los Destinos Cruzados".

Hay quien tiene, no obstante, una visión distinta de todo esto. Precisamente en las lejanas tierras de Escandinavia, donde la Vieja Religión que se profesó ha caído en el total olvido y sólo es objeto del desapasionado estudio de algunos eruditos y curiosos, es el pueblo más humilde el que retiene alguno de sus conceptos, y uno es el de fylgja. Quiere esta palabra decir parte del alma que es capaz de desprenderse y vagar lejos de su dueño, de tal manera que uno no es conocedor de lo que vive esa parte de su propio espíritu. En aquellas tierras cuentan que ese doble se presentaba a veces, a la hora de la muerte cercana, en figura de un animal que fuese querido por la persona o comparable por sus pasiones a esta, lo cual no deja de ser apropiado en gentes muchas veces tan agrestes como su propio país. Tuviera o no forma humana, la fylgja era reconocida inmediatamente por quien la veía como su doble. A veces sucede que, en una casa en la que haya un moribundo, una sola ave (como un cuervo o un búho) se posa durante uno o dos días enteros en el tejado o en un árbol visible desde la ventana, y sólo tras producirse el fallecimiento echa a volar repentinamente para no ser vuelta a ver.

(La primera imagen es el fragmento central del cuadro de Dante Gabriel Rossetti, "How They Met Themselves".)

domingo, 29 de julio de 2012

Sobre los egiptanos.

- ¡Cierto -dijo Gringoire-, que es una salamandra, una ninfa, una diosa, una vacante del Monte Menaleo…!
Soltóse entonces una trenza de la cabellera de la "salamandra" y cayó al suelo una pieza de cobre amarillo que estaba en ella.
-¡Pues no! -dijo-, es una gitana.
Victor Hugo, "Nuestra Señora de Paris".

Existen pequeños pueblos repartidos por toda la tierra de Europa, de costumbres e idiomas ajenos a los del común vecino del país, que siempre se atraen a causa de esto sospechas, resquemores e incluso odios. Podemos contar entre ellos a los sorbios eslavos de la región germana de Lusacia, a los yeniches nómadas que recorren los caminos de Suiza y del Sacro Imperio y que se consideran a sí mismos celtas (aunque hay quien sostiene que no son sino judíos), a los vagabundos escoceses llamados simplemente "caldereros" debido a los oficios que practican, o a los vaqueiros montañeses de las Asturias de España. Pero ninguno de estos pueblos causa la misma sorpresa, conmoción y perplejidad que la llegada de los errantes gitanos, o mejor dicho egiptanos.


Provenientes según propia y repetida declaración de Egipto, de donde toda su tribu se vio obligada a exiliarse, hace al menos dos siglos se establecieron en el Levante y en torno a los montes Balcanes. Sin embargo, la fortuna les fue adversa, pues búlgaros y rumanos les redujeron a la esclavitud, y los que consiguieron librarse de tan triste destino huyeron en masa hacia occidente. De hecho, tras caer aquellas tierras orientales en poder de los turcos otomanos los que se quedaron no han mejorado su suerte, y se dice que todos los puestos de verdugo de los dominios del Sultán están ocupados por esclavos egiptanos.

Durante el siglo siguiente entraron primero en los reinos de Bohemia y Hungría, y pasaron después a adentrarse en grupos numerosos en tierras de Italia, Francia, el Sacro Imperio y la Península Ibérica. Cada gran caravana era dirigida por uno de sus nobles o príncipes (o al menos por un líder que así se presentaba) que pedía, a la más alta autoridad que encontrara, salvoconductos como peregrinos para toda su gente.

Como nuestro amado y devoto don Juan de Egipto Menor (…) entiende que debe pasar por algunas partes de nuestros reinos y tierras, y queremos que sea bien tratado y acogido a vosotros y cada uno de vosotros os decimos y mandamos expresamente y desde cierto conocimiento, bajo pena de nuestra ira e indignación, que el mencionado don Juan de Egipto y los que con él irán y lo acompañarán, con todas sus cabalgaduras, ropas, bienes, oro, plata, alforjas y cualesquiera otras cosas que lleven consigo, sean dejados ir, estar y pasar por cualquier ciudad, villa, lugar y otras partes de nuestro señorío (…) y dando a aquellos pasaje seguro (…) cuando el mencionado don Juan lo requiera a través del presente salvoconducto nuestro, el cual queremos que lleve durante tres meses del día de la presente contando hacia adelante.
Alfonso V de Aragón, texto de un salvoconducto, 1425.

Una vez en el país, proseguían con su vida errante, dedicándose a la música y los espectáculos, a las artes mágicas y adivinatorias, a la venta ambulante de artesanías e incluso a la trata a pequeña escala de caballos y otros animales. Sin embargo, pronto surgieron acusaciones de robos y delitos en las localidades que visitaban, además de insinuaciones de brujería o de infidelidad al cristianismo debidas al misterio y secretismo del que rodean sus costumbres. La anterior bienvenida se ha convertido ya en suspicacia, e incluso en persecución: En algunos países se les expulsa, en otros tienen prohibida la entrada bajo pena de muerte, y en otros más se intenta obligarles a establecerse sedentariamente siempre que abandonen sus viejos oficios y tradiciones. En cualquier caso, estas leyes contradictorias sólo sirven para mantenerles en marcha, buscando en su vagar nómada lugares que les acojan, aunque sólo sea hasta que se vuelvan las tornas… Recientemente han llegado a lugares tan lejanos como las islas inglesas o las costas del Báltico, y se conoce su presencia en las ciudades de Berbería, pero no parecen recibir allí mejor trato por parte de las autoridades.


Se sabe que guardan un gran respeto por sus mayores, y que son desde luego reticentes a abandonar tanto su abigarrada forma de vestir como la jerigonza que hablan entre ellos, incomprensible para nadie más. Además de como egiptanos, son conocidos en los reinos más occidentales como "bohemios" o "húngaros" por su procedencia reciente, o como zíngaros. Se les llama cigane entre los turcos y ghorbati en la Berbería.