viernes, 20 de diciembre de 2013

El Tercero, santificarás las fiestas.

Cerveza a la Mantequilla.
Toma cerveza y cuécela, luego espúmala, y añádele un poco de raíz de regaliz y semillas de anís, y ponlo a cocer bien todo junto. Luego toma una olla o una jarra de dos pintas que esté limpia, y pon algunas yemas de huevos bien batidas con un poco de la cerveza antes dicha, y otro poco de buena mantequilla, cuela la cerveza y échala en la jarra y mézclala con la mantequilla y los huevos.

De otro modo.
Toma tres pintas de cerveza, ponle cuatro yemas de huevos, cuélalo junto y échalo a una olla de peltre que pondrás al fuego, pon media libra de azúcar, una pizca de nuez moscada machacada así como clavo machacado, media onza de gengibre machacado, y cuécelo.
Robert May, "The Accomplisht Cook".

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Praga (03).

El Judenstadt.
Como sucede en otras ciudades, los judíos deben vivir en su propio barrio al margen de los demás. Está emplazado en el rincón Sur de la Staré Město, así que cuando alguien busca por allí una sanadora, un adivino o ingredientes con los que practicar la hechicería, no es difícil que sus pasos acaben llevándole al Judenstadt.


Éste es añoso, especialmente laberíntico en una ciudad ya de por sí laberíntica, y su muralla ha debido enfrentar la ira de los demás praguenses cuando estos han tratado de asaltarlo, llevados por el furor de un linchamiento (a veces insuficientemente, como en 1389, cuando fueron asesinadas unas 1500 personas). La mayoría de los edificios son pobres y oscuros, y sólo destaca entre ellos una construcción gótica muy poco airosa, la Sinagoga Nowa. Se encuentra allí también el siniestro cementerio hebreo, cuyos terrenos, según se dice, fueron cedidos hace tres siglos por Otokkar II Premysl, "el Rey de Hierro y de Oro". Una sensación opresiva cae sobre quien camina entre sus lápidas verticales amontonadas casi unas encima de otras, cubiertas de musgos y líquenes, casi abandonadas.

Durante 1516 los judíos de Praga fueron expulsados, pero tras ese año infausto el castigo fue levantado y el barrio ha recobrado la paz e incluso cierta prosperidad: Los comerciantes hebreos de más peso gozan de grandes libertades en materia de negocios. Por otro lado, varios de los estudiosos judíos que aquí habitan son reputados como los mayores cabalistas de su tiempo, siendo consultados en materia de fe por sus vecinos y en otras más profanas por ocultistas, viajeros, humanistas e incluso por la nobleza bohemia. Entre ellos destaca el rabino de la Sinagoga Nowa, Isaac Hayoth.

Una nueva expulsión tiene lugar en 1542 pero, no obstante, los judíos volverán pronto, defendidos por sus propias razones y por las de sus valedores entre las autoridades de la ciudad.

La Fortaleza de Vyšehrad.
Praga seguía apestando a sangre.
Andrzej Sapkowski, "Los Guerreros de Dios".

Aún más al Sur siguiendo el curso del río, pasado el monte Tábor y a unas 40 millas de Praga, dejando caer su oscura sombra sobre los caminos que salen de la Staré Město hacia Viena y Bratislava, se alzan sobre su colina las negras ruinas de Vyšehrad. No está claro si esta ciudadela fue construida en su origen por los mismos seguidores de Libusa que fundaron Praga, pero desde luego generaciones de Reyes de Bohemia ampliaron y mejoraron sus fortificaciones, convirtiéndola en defensa orgullosa de la capital.
En la época en que los Husitas se hicieron los señores de Praga, Vyšehrad cayó en manos del rey hereje Jorge de Podjebrád tras un duro asedio. La ciudadela quedó arruinada, tan dura fue la lucha necesaria para tomarla: Las caras Este y Sureste de su muralla (las más alejadas de Praga) con su portalón gótico quedaron en pie, junto a algunos de los edificios y el cementerio, pero eso fue todo. El ejército hereje construyó luego una aldea en los terrenos desprotegidos y en torno a las casas supervivientes, desde la que desvastaron las iglesias (entre otras cosas, arrojando a las aguas del Moldava el sargófago que contenía el cuerpo de San Longinos). Pero incluso esa población temporal quedó casi deshabitada cuando los Husitas y sus aliados fueron derrotados y el gobierno de la Iglesia y el Imperio se restableció.
Desde entonces, Vyšehrad es un lugar de soledad y terror, y los rumores más salvajemente fantásticos sobre lo que se vislumbra en esos lugares, en especial durante las noches de San Juan, de Walpurgis y la víspera de Todos los Santos, son moneda corriente entre los lugareños de los contornos. Ninguno de ellos atraviesa la imponente aunque inútil Puerta de Špička, que ya nada puede guardar, ni penetra entre los restos de la Iglesia de San Pedro y San Pablo, ni se acerca a las casas abandonadas ni mucho menos al cementerio.

Un cementerio se interpone en el camino del monstruo, que no hace el menor intento por rodearlo... Atravesando el suelo sagrado, avanza, avanza sin cesar.
Gorge W. M. Reynolds, "Wagner, el Hombre Lobo".

Nadie sabe cual es la naturaleza exacta de esas apariciones ni, por supuesto, cómo conjurarlas. Muchos en Praga niegan su existencia y harían burlas exageradas si se les hablase de ellas a plena luz del día, pero los vecinos de las cabañas extramuros y de los pueblos de Tádmor no se lo toman tan a la ligera. Se susurra sobre la Dama Blanca y la Dama Negra que han tejido su invisible dominio sobre las ruinas, de cómo la primera hace florecer en cualquier momento del año bellísimas y efímeras rosas blancas que causan la muerte inmediata de todo aquel que se atreva a tocarlas y de cómo caer en garras de la segunda sólo puede compararse a vivir en este mundo los castigos del Infierno.
Se mencionan visiones de muertos descarnados cuyos huesos parecen brillar con fosforescencia fluctuante en la lejanía, subiendo y bajando la colina, en ciertas noches señaladas. Pero sobre todo se habla con temor del enorme Sabueso Negro, que hacia la medianoche surge corriendo de entre las tumbas del cementerio, y que poco a poco va tomando una apariencia fantasmal al surgir, con el paso de las horas de oscuridad, un fulgor llameante de sus ojos y fauces, que se torna cada vez más intenso hasta que cerca del amanecer donde antes se contemplaba una silueta animal todo lo que puede verse es una roja llamarada, como la de una hoguera, que avanzara sobre el suelo a gran velocidad, amenazando consumir horriblemente a cualquiera que alcance...

Otra leyenda sobre una fiera espectral también se cuenta acerca de Vyšehrad. En cierta noche de Noviembre y cada año, en la fecha en la que terminó la batalla que desoló la ciudadela, todos los espectros de la colina guardan silencio excepto uno. Un formidable león blanco surge de entre los túmulos del cementerio o tal vez de entre las ruinas de la Iglesia de San Pedro y San Pablo, y durante la noche recorre las ruinas como si pasara revista a las casamatas destechadas e invadidas de zarzas, los muros recubiertos de hiedras y musgos, los desolados sillares de la basílica de San Lorenzo, el roto y desplomado Pilar del Diablo y las recias estancias convertidas en nido de murciélagos. Antes de volver a desaparecer, lanza uno o dos rugidos. Se dice que si su desafío hallara respuesta se alzaría de la misma Vyšehrad un ejército de muertos para atacar a los vivos, pues este león es el mismo animal de dos colas que ocupa el estandarte de Bohemia, y los espíritus de los soldados de eras pasadas no están dispuestos a permitir que los enemigos del reino vuelvan a alzarse con la victoria...

La (complicada) saga de los Reyes de Bohemia.
1451 - 1478: Jorge de Podjebrád. Elegido y nombrado por la asamblea de Praga.
1469 - 1490: Matías Hunyadi "Corvino" o "El Bueno". Rey de Hungría, reclama la corona y se esfuerza en deponer a Jorge I, que se ha convertido a la herejía husita.
1471 - 1516: Vladislav I Jagellón. Hijo legítimo de Jorge de Podjebrád, hereda la corona tras hacer algunas concesiones a Matías Hunyadi. En cualquier caso, las recupera en 1490, apropiándose también de Hungría.
1516 - 1526: Luis Jagellón I de Bohemia y II de Hungría. Muere combatiendo a los turcos otomanos en Mohács.
1526 - 1564: Fernando I de Habsburgo. Rey de Bohemia y de Hungría, archiduque de Austria, Emperador desde 1556. Acerca de este Rey puede leerse algo más aquí.
1562 - 1576: Maximiliano II de Habsburgo Rey de Bohemia y de Hungría, Emperador y archiduque de Austria desde 1564.

Esta entrada incluye ilustraciones de Tom Gianni y Adam Rex.

martes, 12 de febrero de 2013

En garras de la Inquisición.

En estos juicios no se menciona ni la acusación ni el nombre del acusado. A los reos sólo se les pregunta si quieren confesar. Si responden que no, no habiendo cometido delito alguno, no tienen por qué confesar, son sometidos a tortura sin más dilación. Esta repítese a intervalos, hasta que el sospechoso se confiesa culpable, o bien se agota la perseverancia de los interrogadores, mas sin un reconocimiento expreso de culpa, la Inquisición jamás pronuncia la definitiva condena de sus prisioneros.
(…) Decididos a hacerle confesar no sólo los crímenes que había cometido, sino también otros de los que era inocente, los inquisidores comenzaron a interrogarle. (…) Fue sometido a los suplicios más atroces que jamás haya inventado la crueldad humana. No obstante, la muerte resulta tan espantosa cuando uno es culpable, que tuvo la suficiente entereza para persistir en su negativa.

(…) De vuelta al calabozo, comprobó que los sufrimientos de su cuerpo eran mucho más soportables que los de su espíritu. Sus miembros desencajados, sus uñas de pies y manos arrancadas, sus dedos machacados y partidos por la presión de los tornillos, no eran nada en comparación con la angustia y la agitación de su alma y la vehemencia de sus terrores. Veía claramente que, fuese culpable o inocente, sus jueces sentíanse inclinados a condenarle.
(…) Temblaba ante la proximidad del auto de fe, ante la idea de perecer en la hoguera, de escapar de los tormentos soportables sólo para caer en otros más insidiosos y duraderos. Su imaginación dirigíase con pavor al más allá de la tumba y no podía ocultársele con cuanta razón debía temer la ira divina. Perdido en este laberinto de terrores, de buena gana habríase refugiado en las tinieblas del ateísmo, de buena gana hubiese negado la inmortalidad del alma, habríase convencido de que una vez cerrados sus ojos nunca volverían a abrirse, y que su cuerpo y su alma serían aniquilados al mismo tiempo. Incluso este recurso se le negaba. (…) No podía impedir sentir la presencia de Dios. Aquellas verdades que antaño fueran su consuelo, aparecían ahora ante él en toda su evidencia, mas sólo para volverle loco.
Matthew Gregory Lewis, "El Monje".

La ilustración de esta entrada es del genial Mike Mignola.

viernes, 21 de diciembre de 2012

El Tercero, santificarás las fiestas.


Dobladura de ternera.
Assar buena ternera, y desque sea más de medio assada sacarla del fuego, e del assador a cortarla a pedaços tamaños como de dos dedos, y aún mejores. Y después tomar una cebolla muy mondada e limpia, e cortarla muy menuda, e sofreyrla con buen caldo de carne que sea gruesso e desque sea sofreyda de buena manera tomar tocino entreverado y cortarlo allí como la ternera. Y después echar la ternera y el tocino en la caçuela de la cebolla, y sofreyrlo todo junto.
Y después de sofreydo poner en la caçuela gingibre canela y clavos todo muy bien molido, y darle tres o quatro vueltas. Y tomar después una poca de malvasía o vino de Sant Martín, y un poquito de vinagre, y echarlo en la caçuela.
Y después hazer leche de almendras sin pasarlas fino, sólo fregadas con un cañamazo bien áspero, y majarlas con un migajón de pan tostado mojado en vinagre, y desque la canela sea cerca de cozida echarle la lechede las almendras y dexarlo cozer hasta que esté bien espesso, y ponlo después por platos.
Muchos hay que le echan perexil e yerbabuena e mayorana en la caçuela, mas si no lo echares no va mucho en ello.
Ruperto de Nola, "Llibre de Coch", escrito antes de 1491, de la traducción al castellano editada como "Libro de Guisados" en 1529.


Ensalada.
Tómese perejil, salvia, ajos tiernos, cebolletas, lechuga, puerro, espinacas, borraja, menta, prímulas, violetas, cebollinos, hinojo y berro, ruda, romero, verdolaga, se enjuaga y se lava todo bien. Se quitan los tallos. Se corta en pedazos pequeños con las manos y se junta todo con aceite crudo, se mezcla con vinagre y sal y se sirve.
"The Forme of Cury", siglo XIV, recopilación debida a los jefes de cocina de Ricardo II de Inglaterra.


Guiso de anguilas.
Si la anguila es grande se hará taraçones, y se assarán y se majarán unos ajos, especias, sal y un migajón de pan. Y se desatará con agua, y se pondrá en una caçuela a cozer, y se echarán allí unos taraçones de la anguila, o todos los que uviere, echándoles azeyte y cozerán un poco, y no serán muy espessos. Y se llama ajo de anguila y, aunque sean pequeñas, se dan d’esta manera.
Domingo Hernández De Maceras, "Libro Del Arte De Cozina", 1607.


Melocotones al comino.
Se pelan y deshuesan unos melocotones que estén algo verdes, se cortan en pedazos, se cuecen, se ponen en un plato llano, se rocían con aceite y se sirven con salsa de comino.
"De Re Coquinaria", atribuido a Apicio, recopilado en el siglo IV.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Praga (02).


Bohemia, país de ríos profundos y bosques impenetrables, está habitado por gentes eslavas y germánicas, siendo más frecuente escuchar el idioma de los primeros que el de los segundos. En el siglo pasado, la herejía husita recorrió esta tierra y las vecinas, pero ya nadie vive para recordar aquellas violentas agitaciones tras las cuales el reino terminó en manos de los Reyes de Hungría, únicos monarcas que forman parte del círculo de los Electores del Sacro Imperio, quienes la han gobernado desde entonces esforzándose por mantenerla en paz.

El Castillo de Praga.

Crucé un destartalado puente levadizo, me apeé en un patio oscuro, palafreneros silenciosos se hicieron cargo de mi caballo. Me faltaba el aliento, las piernas apenas me sostenían: Desde mi entrada en el bosque tales habían sido las pruebas, los encuentros, las apariciones, los duelos, que no conseguía restablecer el orden ni en mis movimientos ni en mis ideas.
Italo Calvino, "El Castillo De Los Destinos Cruzados".

El asiento del poder en Bohemia se halla en la ciudad de Praga, fundada en su día por los bárbaros de los Rápidos del río Moldava, bajo el mandato de Libussa hija de Krok, hechicera y hermana de hechiceras. Con el transcurrir de los siglos, la población se volvió laberíntica, llena de recovecos secretos, oscurecidos por la sombra de torreones y agujas góticas que señalan al cielo sobre las calles (y que le han ganado el apodo de stověžatá, "la de cien torres")... Una urbe recorrida habitualmente por visitantes de paso de todos los orígenes y repleta de habladurías y leyendas, por todo ello siempre rodeada de un hálito de misterio.


Es sin duda su lugar más notorio el inmenso Castillo que se alza dominando toda la ciudad. Se hallan allí las estancias reales, bajo las cuales, en una cámara cerrada con siete llaves diferentes, se guardan las joyas de la corona de Bohemia: La magnificente corona de oro en forma de flores de lis entrelazadas (de la que se dice contiene en su interior una espina de la corona de Cristo y que provoca la muerte en menos de un año a quien se la halla puesto ilegítimamente), la Cruz de los Karlstein (que contiene a su vez un fragmento de la Vera Cruz) y la Espada de San Wenceslao.

Las grandes murallas del castillo dan cobijo a capillas, cuarteles y espléndidas caballerizas, pero también a casas y calles enteras en las que se hospedan personas cercanas a palacio, sea por su posición o por la necesidad que hay de su trabajo. Artesanos especializados, edecanes, mayordomos y sus familias hallan aquí acomodo, así como todo un convento de monjas, el de San Jorge, con su edificio de torres paralelas. Incluso el edificio que corona el pétreo conjunto es de hecho la torre principal de la catedral de la ciudad, situada también entre sus muros. Este magnífico edificio gótico, construido y remodelado durante siglos sobre la vieja basílica de San Vito y bajo cuyo suelo se hallan enterrados buen número de reyes, aún se halla inconcluso, con sus obras paradas desde hace algo más de un siglo. En cualquier caso esto no parece inquietar a nadie, hasta el punto de que se ha instalado allí la sede del arzobispado y se imparten los sacramentos con regularidad.


Alrededor de la gran fortaleza y descendiendo por la loma hacia el río se halla el barrio de Malá Strana (o Ciudad Pequeña), cruzado en línea casi recta por el Camino Real. Tienen aquí sus palacetes las familias aristocráticas bohemias, rodeadas por las casas de los maestros de todos los gremios de la ciudad, así como las de otros muchos burgueses y comerciantes enriquecidos. Pero no todos los habitantes del barrio noble son praguenses: Algunos grandes de otros lugares del Sacro Imperio y más allá actúan aquí como embajadores permanentes, afincados muchas veces con sus familias, y gran número de artesanos alemanes mantienen cerca de tan egregios vecinos sus talleres de espadería, herrería y cristalería. En torno a la calle Vlašska se han instalado, de igual modo, tiendas, comercios y casas italianas.

Entre oscuras callejuelas.
La Calle Real se dirige al ciclópeo Kamenný Most, el Puente de Piedra, ordenado construir hace siglos con arenisca (y según la leyenda, con miles de huevos para la argamasa) por el emperador Carlos IV, sobre las ruinas de uno anterior que fue desplomado por las aguas del Moldava. Esto no es raro, pues es río de impetuosas corrientes, y muy recientemente el Puente ha debido pasar por arreglos urgentes. Para cruzarlo se debe pedir primero paso franco a los guardias de las dos torres de vigilancia que rodean su cabeza, y al llegar a la margen derecha sortear otra torre más. En ésta se cobra peaje (para que contribuyan a las obras y mantenimiento, según aclaran las autoridades) a los que se dirigen a Malá Strana y al Castillo, muchos de los cuales son comerciantes que recorren el camino cotidianamente...

Ya en la orilla derecha del Moldava se extiende la "ciudad común", la Staré Město o Ciudad Vieja. A una humilde placita, en la que se suelen formar ruidosos atascos cuando más de dos o tres carros intentan acceder a la vez al puente, dan las fachadas de la pequeña iglesia gótica del Santísimo Salvador y del hospital de la Orden de la Cruz y la Estrella Roja. El Camino Real empieza aquí a serpentear, dejándose llevar por los recovecos del terreno, permitiendo vislumbrar las retorcidas calles secundarias que se cruzan y entrecruzan desde ella, y en las que se mecen, a la sombra de los propios edificios de dos o tres pisos, carteles colgados de cadenas que anuncian con sus dibujos la presencia de zapateros remendones, tabernas y un número inusual (y creciente) de talleres de imprenta. Otros comercios, por el contrario, no están señalizados: Parecen antros de reunión de buhoneros y vendedoras ambulantes con aspecto de alcahuetas, y aparte de baratijas o ropa de segunda mano no aparenta venderse nada más en ellos. Sin duda, sus moradores viven de realizar amuletos y filtros brujescos, o de consultas adivinatorias en las que se utilizan luces y espejos, se hacen tiradas de cartas y se consultan las entrañas de animalillos tras su previo sacrificio a algún poder oscuro...

Lugares respetables...
Si se continúa por el Camino Real se llega, tarde o temprano, a la plaza triangular conocida como Male Náměstí, en cuyo centro puede verse uno de los más concurridos pozos de agua de la ciudad. Sobre los umbrales de las casas medievales que la delimitan, algunas verdaderamente ennegrecidas y maltratadas por el tiempo, aparecen labradas según costumbre praguense figuras variadas de objetos y animales que permitan guiarse a los viajeros y visitantes. Así, para orientarse sólo es menester buscar la casa del Caballo Negro, de la Corona de Oro, del Águila de Dos Cabezas o de los Soles, y hasta el niño más pequeño sabrá encontrar (o indicar) aquel motivo. Se hallan en esta plaza al menos dos boticas, una renombrada bodega y la primera cristalería fundada en Praga, regentada por italianos.

No es sin embargo esta plaza la más importante de la ciudad, ni mucho menos. Dirigiéndose aún más hacia la salida de la ciudad se encuentra la Plaza Mayor, presidida por la iglesia de Nuestra Señora María de Tyn, que fue la catedral local antes de que lo fuera la de San Vito. Diríase de este templo, similar él mismo a un castillo con sendas torres acabadas en múltiples agujas, que reta al recién llegado a descubrir sus secretos. Por lo pronto es fácil encontrar entre las torres, de un vistazo a su fachada principal, la estatua dorada del rey husita Jorge de Podjebrád sosteniendo un cáliz en recuerdo de las misas y ceremonias heréticas que allí se celebraron y que las autoridades, por algún motivo, no se deciden a retirar... Incluso el nombre de "Tyn" que lleva la iglesia es de origen controvertible, pues no es el nombre de barrio ni población alguna. Antes al contrario, parece provenir de la expresión otýn ný, que significa "acorralado" o "encerrado"...

Se halla el templo enfrentado a otra masa monumental: El edificio del ayuntamiento (o staroměstská radnice, ya que los bohemios se refieren a sus alcaldes con la palabra eslava starosta, "anciano"), de alta torre y tejados góticos tan afilados como los de los edificios que le rodean, dándole un principal aspecto de iglesia... Lo cual no es raro, pues cuenta con su propia capilla en el primer piso. Parece apoyarse el pétreo ayuntamiento en varias casas circundantes, habitadas por las familias de algunas dignidades urbanas, que pese a su notable altura de unos cuatro pisos no resultan tan impresionantes como otra vivienda situada junto a la iglesia, llamada la Casa de la Campana de Piedra, que perteneció a los Reyes de Bohemia antes de la fundación del nuevo puente sobre el Moldava y del barrio del Castillo.

De vinos, por ser francos, no tengo ninguno que pueda impresionaros. Más si se trata de cerveza, jo, jo, hoy mismo me han traído derechamente de Swidnica una admirable cerveza de barril, de primera, sacada de una bodega fría y honda.
Andrzej Sapkowski, "Narrenturm".

El viajero afortunado y que no carezca de alguna krone de buen metal en la bolsa tal vez halle en las cercanías de la plaza (o en ella misma) una posada en la que variar la dieta habitual, como unas utopenci (salchichas de cerdo encurtidas), tlačenka de mondongo de cerdo en su gelatina y avinagrado, queso frito con cerveza o alguna pieza de caza furtiva, que entre los campesinos de la región es habitual... Todo ello acompañado de lombarda, sauerkraut y knedlíky ("croquetas" de pan, a veces con nabo) y de un postre de queso fresco con bayas silvestres. Es popular el jitrnice o morcilla de grano y asaduras, morro y oreja de cerdo, que se come cocido. El pescado, de río siempre, es por estos lares considerado manjar de Navidad y, por tanto, poco habitual en la mesa en otras fechas. Y en cuanto a la bebida, gusta en Praga la cerveza de color pardo profundo y consistencia densa.

El Reloj Astronómico.
Es en la fachada Sur del mismísimo edificio del ayuntamiento donde Praga tiene uno de sus mayores tesoros: El gran reloj astronómico construido en 1410 por el profesor Hanuš Šindel, de la universidad Carolina, y el maestro relojero Mikuláš de Kadaň. Esta maravilla de la ingeniería y la magia natural está diseñada tanto para realizar mediciones astrológicas como para indicar la hora en su esfera dividida en dos mitades numeradas cada una del I al XII, o en su en su extravagante esfera negra exterior, marcada del 1 al 24, que comienza a contar sus propias horas a la inversa, con el caer el sol, siguiendo en teoría una costumbre ya en desuso de los ancestrales eslavos del Moldava...

Sin embargo, tan maravillosa obra ha permanecido silenciosa e inmóvil durante la mayor parte de su historia., no porque el mecanismo no sea fiable o porque nadie sepa efectuar su mantenimiento (si bien sería obra de auténticos especialistas) sino porque, que se sepa, el reloj está maldito.

Antes de que hubiera pasado un año desde su finalización y puesta en marcha, el maestro Hanuš detectó varios fallos en su trabajo, o más bien carencias, prolijidades a mejorar. Se encerró en su estudio de la universidad y se dedicó a los planos de un segundo reloj, que avanzara en todas las direcciones que ya marcaba el primero. El estarosta y algunos principales de la ciudad, quienes habían sufragado los gastos del útil monumento, reuniéronse una noche para discutir qué hacer respecto al nuevo reloj, pues no tendrían dinero suficiente para costeárselo. Decidieron que no llegaría a construirse, con tal de no quedar ellos en vergüenza y de que la nueva obra se ofreciera a otra ciudad, ensombreciendo el brillo de la suya propia. Dos asesinos armados de puñales llegaron antes de que saliera el Sol al estudio del maestro Hanuš, sacándole los ojos para que jamás pudiera terminar su nueva obra, mientras un tercero trepaba las escaleras de la torre del ayuntamiento para dar muerte al relojero Mikuláš. Antes de morir, éste introdujo sus brazos entre los mecanismos, perdiéndolos mientras arrancaba ruedas y palancas, quedando inerte todo el ingenio.

Mucho costó traer un relojero capaz de realizar las reparaciones necesarias, pero se consiguió. Pese a ello, la máquina volvió a pararse al poco. Cada vez que se repetía el esfuerzo por ponerla otra vez en marcha, a la noche siguiente el reloj ya no se movía, y aparecían misteriosamente rotas ruedas dentadas, o se echaban a faltar muelles o palancas enteras.

Desde la gran reparación por la que pasó en 1490, el reloj ha vuelto a andar, pero algunos villanos murmuran que se parará de nuevo, cuando el fantasma del maestro Hanuš reaparezca en la torre, como siempre ha hecho, para vengar en el fruto de sus desvelos la ultrajante traición que padecieron el relojero y él.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Yelmos maravillosos.

Las armaduras suelen ser, siempre, unas piezas de por sí caras, y en las que lo práctico predomina necesariamente sobre lo estético. Precisamente por ello aquellas armaduras embellecidas tal vez con un grabado a buril, con varios metales de distintos tonos de color, o con unos rebordes forjados en forma de soga, distinguen generalmente a las guardias de élite o a los oficiales de la tropa, por habérseles añadido un valor refinado que, sin duda, ha debido ser cuantiosamente pagado...

De una coraza atribuida al artesano Kolman Helmschmied, 1510-1520.

De una reconstrucción moderna, de la Armory Marek.

Una borgoñota con celada de estilo gótico, de la empresa moderna Armstreet, con ventanas para el aire en forma de corazón.

Los guerreros armados con piezas como estas serán, al entrar su unidad en formación, puestos en las primeras líneas. Esto desmoraliza hasta cierto punto al enemigo, que se ve atacado por un ejército de aspecto glorioso y vencedor...

Eso sí, cuando se llega más lejos en sofisticación fabricando un arma o una armadura, cuando se le añade oro o piedras preciosas a su composición o cuando sus formas fantásticas anteponen lo estético a lo práctico, estamos sin duda ante un arma de parada: Un objeto de lujo, un tesoro familiar, una vestimenta celebrativa de la herencia caballeresca del personaje que la porta, pero sin duda alguna no realizada para luchar con ella, sino para portarla en paradas, triunfos y desfiles. Se encargaban a famosos artesanos que formaban parte de verdaderas sagas, como los Negroli, los Helmschmied o los Seusenhofer.


Barbota veneciana.

Yelmo de parada morisco, de finales del siglo XV.


Yelmo de la Armadura de la Guarnición de las Máscaras,
del emperador Carlos, por Filippo Negroli, 1539.


Yelmo de la armadura de parada de Enrique, Delfín de Francia,
por Filippo Negroli, 1540.

Yelmo con rostro bigotudo, por Kolman Helmschmied, 1515.


Yelmo cornudo, regalo del emperador
Maximiliano a Enrique VIII de Inglaterra,
obra del artesano austriaco
Konrad Seusenhofer, 1514.

Yelmo con cabeza de gallo,
Augsburgo, 1530.








Yelmo con forma de cabeza de grifo, italiano, 1550.


Celada del emperador Carlos, obra de Desiderius Helmschmied, 1540.


Yelmo de estilo "clásico"
obra de Desiderius
Helmschmied, 1547.


Yelmo también "clásico" del príncipe de Austria Fernando de Habsburgo-Jaguellón, obra de Filippo Negroli, 1550.


El yelmo de la fabulosa Armadura del Dragón, realizada por
Filippo Negroli para Guidobaldo Della Rovere en 1532,
con la cual el orgulloso aristócrata se hizo retratar.

Un yelmo como estos (o, simplemente, uno de ellos) podría aparecer en una historia de Feldkirch como parte de un tesoro a recuperar o como una herencia a reivindicar... Sobre todo si se tienen más partes de una armadura a la que pertenezca. En términos de juego, tendrían el Factor de Resistencia de una armadura normal, pero sus joyas, lacas y metales nobles se romperían y perderían durante un combate, con lo que nadie en su sano juicio las usaría para tal cosa.

Por otra parte, algunos de los ejemplos menos lujosos y más "recios" (como el gallo o el grifo antes vistos) podrían formar parte de una armadura "más normal" perteneciente a un PJ, o a un PNJ memorable, siempre y cuando la partida no se convierta en un desfile de armaduras raras, manteniendo así la potencialidad de sorpresa y maravilla que un elemento extravagante puede tener en una narración de "baja fantasía". Pensemos simplemente en el yelmo que luce el personaje Sandor Clegane "El Perro" (Rory McCann) en la serie "Juego de Tronos" de HBO. Seguro que ahora no nos parece algo tan fantasioso...

lunes, 12 de noviembre de 2012

Demonología: El Judío Errante.

Amen dico vobis sunt quidam de hic stantibus qui non gustabunt mortem donec videant Filium hominis venientem in regno suo.
Mateo, 16,28.

Cuenta una leyenda que, estando nuestro Señor camino del Calvario, martirizado por el peso de su cruz y azotado por quienes le llevaban cautivo, trató de descansar unos momentos en el peldaño de un zaguán, siendo arrojado de allí por un judío despiadado que le dirigió acerbas palabras. Contestóle nuestro Señor que Él se marchaba, pero que él no se marcharía hasta su vuelta. De tal modo, que el judío no envejeció ni murió después de aquello, y vaga aún por el mundo, encontrando necesario el descanso de la muerte tras su larguísima vida sin haber posibilidad de hallarlo, lamentando para siempre su acritud para con el Cristo.

El primero en poner en papel esta historia fue un monje cronista inglés allá por el siglo XIII, que copió la historia tal como la relató a sus anfitriones un arzobispo armenio que se hallaba de visita en aquel país norteño, y que decía haberse entrevistado con el mismo Judío Errante. Desde entonces alguien, cada cierto tiempo, anuncia haberle encontrado en cierto lugar incluso indicando haber hablado con él, pero lo cierto es que el misterioso personaje, si es que es el mismo, desaparece siempre antes de que se puedan realizar precisas averiguaciones. Se dice que es un hombre de luengas barbas y cabellos recogidos con una cinta de tela que le recorre la frente, y que viste con la sencillez y aún pobreza de un humilde peregrino. Es conocido por varios nombres, como Cartaphilo, Ahasvero, Ausero, Avadoro, Samar o Juan-de-espera-en-Dios. Se dice que era el portero de la casa de Pilatos, o que era un zapatero a las puertas de cuyo local se quiso sentar el Señor, e incluso hay quien dice que es el mismo José de Arimatea, que trató tras la crucifixión de reparar, en parte, su error…

Lo único cierto acerca del Judío Errante es que no puede morir ni pasar más de dos semanas en el mismo lugar. Condenado a errar hasta los tiempos de la Parousía, huye perpetuamente de la pobreza, del hambre y del cansancio sin llegar a escapar nunca de ellos. Malvive de mil trabajos o recurriendo a otros mil trucos. Se sabe que ha realizado curaciones y exorcismos, sobre todo estos últimos, sin pretender obtener nada a cambio salvo el profundo arrepentimiento o conversión al cristianismo de quienes hayan sido objeto de su ayuda.


No suele revelar su identidad, ya que es raro que no cause cierto desasosiego o sospecha en sus semejantes, y teme que le hagan daño. Y aún entonces no podrá hallar la muerte pues, como sabe por experiencia, cualquier golpe o puñalada le hará sentir su dolor pero no dejará marca en su cuerpo ni acabará con su vida (en cualquier caso, ni posee armas con que defenderse ni sabría manejarlas). Incluso las fieras salvajes le evitan, como si hubieran asco de comérselo o como si vieran en él otra fiera aún peor. Si por ventura delante de alguien se toca o rasca en la cinta que le recoge el pelo, ése no podrá reprimir un escalofrío o una horripilación. Y si se la retirara mostraría en su frente una pequeña cruz de fuego ardiente, haciendo padecer un turbulento e incapacitante terror a quien la viera: Como ocurrió con Caín, el Judío Errante está marcado por Dios, a la vez guardándolo de ninguna ira que no sea la Suya y señalándolo como condenado.