martes, 16 de noviembre de 2010

Breve cronología: Antes y después.


  • 1440 - 1490.
Este periodo se corresponde con el final de la Edad Media propiamente dicho. Las diferencias con la época posterior son muchas, a veces notorias: En los primeros años aún existe el Imperio Bizantino, que toca a su fín al caer Constantinopla en manos de los turcos otomanos, que la convertirán en su capital. Pero a veces son más sutiles. El ambiente general será más diferente cuanto más al pasado nos remontemos.

La educación no tiene en esta época tanta importancia y sigue, de modo más completo que relativo, en manos de la Iglesia. La alta eclesiarquía puede comportarse como una especie de élite ilustrada que base su importancia doctoral tanto en sus conocimientos como en la ignorancia de los demás (e incluso que tenga cierto desprecio por ellos). Entre el bajo clero tienen lugar los esfuerzos de siempre por enseñar al menos a unos cuantos a leer y escribir, pero son insuficientes, y la inmensa mayoría de trabajadores (y aristócratas) son analfabetos. Aparece la imprenta y en 1449 ve la luz el primer libro tipográfico, el Misal de Constanza, pero durante años el modo de fabricación de este artefacto permanece secreto y cuando al fin se extienda el mundo estará escasamente preparado para tal innovación, por lo que su difusión se ralentiza durante décadas. En general sólo en las Italias, que ahora están en pleno florecimiento cultural, puede hablarse del Renacimiento y el ambiente general será más similar al de tiempos posteriores.

La vestimenta de las gentes sigue siendo absolutamente medieval. Los hombres llevan calzas de pierna entera que se atan a la cintura y trajes cortos en el Sur y largos en el Norte. Las mujeres que visten a la moda llevan largos vestidos con forma de túnica algo abombada por delante, y tocados en forma de corazón o cucurucho. Muchas se afeitan el principio del pelo, "alargándose" la frente, y las cejas, tomando así aspecto de estatua.

En materia bélica se extienden las armas de fuego, pero son aún muy primitivas y se usan en escaso número. Las únicas armas personales de este tipo a veces deben ser manejados entre dos personas, y hay un mayor uso de armas pesadas y de grandes espadas como la bastarda o el mandoble, mientras que armas de esgrima más "sutiles" como la espada ropera no existen como tales. La cota de malla sigue siendo una armadura muy utilizada.

Aunque la cristiandad occidental sigue unida bajo una sola Iglesia, en la Bohemia existe una persistente herejía, la de los Husitas, que aún lleva de vez en cuando a los nobles a la guerra. Sin embargo, no se ha extendido más allá de ese reino. La autoridad moral está pues en lo que respecta a Europa en manos de la Iglesia de Roma, que puede de hecho convocar una Inquisición para investigar cualquier atisbo de herejía en sus dominios religiosos. Tanta importancia habrá cobrado esta institución que se hará permanente en las Españas en 1478. Y a partir de 1484, a través de bula, el Papa reconocerá la existencia de la brujería... Dado el misterio y el secretismo que muchos jugadores le pueden presuponer a la Edad Media, es posible que los argumentos con gran carga fantástica tengan más posibilidad de desarrollarse en partidas ambientadas en esta época sin vulnerar demasiado la credibilidad de la historia.

  • 1550 - 1600.
Este periodo es considerado en algunos países (o por algunos autores) como demasiado tardío para entenderlo como parte del Renacimiento, y en otros precisamente se considera un momento especialmente floreciente del mismo. Podría decirse simplemente que los cambios a los que ha dado lugar el Renacimiento son ya una realidad, y no un proceso. Las generaciones de personajes que ahora son protagonistas se hallan en un mundo en el que el humanismo, la Reforma, el fin del teocentrismo medieval, las diversas unificaciones nacionales o el triunfo de la monarquía frente al feudalismo no son frentes abiertos de cambio, sino elementos de su entorno por los que tomar partido o incluso de los que beneficiarse. Más que en un mundo en cambio, nos hallaríamos en un mundo nuevo que se enfrenta a sus propios problemas y oscuridades.

En general, toda la cultura tiene ahora más que ver con la agitación del manierismo que con aquella, aparentemente agotada, imitación de lo clásico. La vestimenta de las gentes sencillas no difiere tanto de la observada a mediados de siglo, pero los adinerados y los comerciantes con ínfulas de respetabilidad se esforzarán por imitar la de la nobleza, más estricta que la del pasado reciente, más cerrada, más artificial, con gorgueras y calzas cortas y rellenas, o faldas con soportes rígidos en su interior. El color negro ya no es sólo respetable, sino que está de moda.

La religión enfrenta ahora no sólo a facciones internas de los distintos reinos de Europa, sino a los Estados recientemente centralizados y fortalecidos, convirtiéndose las guerras de fé en conflictos internacionales cada vez más reconocibles: Junto a las guerras de católicos contra protestantes que asolan Francia, los reformados Países Bajos e Inglaterra plantan cara a la poderosísima, encumbrada y católica España.

Las mejoras en cuanto a navegación permitirán continuar con la conquista del Nuevo Mundo y el comercio con las colonias tanto como que Occidente vea terribles batallas navales (Lepanto, la Armada y la Contra-armada) y el primer auge de la piratería entre reinos cristianos en el mar Océano. Las armas de fuego están ahora más extendidas, y han desplazado completamente a las ballestas en el campo de batalla. Aparecen mosquetes y carabinas, de mayor alcance o más ligeras que los arcabuces, respectivamente. Debido al desarrollo de la industria armera, las pistolas se hacen más comunes como armas de defensa personal... O en manos de bandidos. En cuanto a la esgrima, la ropera se va imponiendo, haciéndose cada vez más raros los mandobles y desapareciendo armas como la espada bastarda. La espada es más que nunca la reina de las armas, y algunos teorizan sobre ella y fundan escuelas que cobran fama entre soldados y nobles por igual.

Dentro de los dominios de cada nueva facción de la cristiandad, la represión religiosa aumenta visiblemente, con nuevas Inquisiciones nacionales recién formadas y en pleno funcionamiento, y tribunales protestantes organizados según las regiones de igual signo que los católicos e igualmente crueles, si no más. La persecución de la brujería llega a su punto álgido, y, cosa rara, como respuesta las actividades brujeriles parecen renovar sus fuerzas. La alquimia se enrarece y acerca al hermetismo y a los restos supervivientes de lo gnóstico, y también es cada vez más perseguida, mientras sigue siendo solicitada en secreto por nobles codiciosos. En esta era las sombras pueden ser acusadísimas, pero separarlas de las luces parece más difícil que nunca.