jueves, 13 de enero de 2011

Demonología: La Santa Compaña.


Non fuxirán do castigo nin señores nin plebeos,
os que por gañar o Ceo fixeron atropelos.
Acogade os corazóns, e non xuredes en falso,
o camiñaredes encadeados hasta o remate dos tempos.
Golpes Bajos, "A Santa Compaña".

La Santa Compaña.
Una leyenda cuyo origen se desconoce habla de ciertas procesiones de ánimas que, en determinadas noches el año, recorre los descampados y los caminos más deshabitados. A veces semejan, según cuentan, una fila de monjes, y otras un aterrador tropel de jinetes. Pero seguramente la más siniestra de esas versiones de la misma leyenda sea la que se refiere a la Santa Compaña.

De la Santa Compaña se habla en todo el Noroeste de la Península Ibérica, siendo conocida como Güestia en Asturias, Estantigua en el viejo Reino de León, y Santa Companha en el Reino de Portugal. Es en tierra de Galicia donde se la conoce por el primero de los nombres, y donde sus apariciones parecen más frecuentes. De dónde viene, o si su camino es orden divina (como parte acaso de las penas de algún lugar del Purgatorio) o cosa diabólica, no se sabe. Ni siquiera su nombre da pistas, ya que para algunos las palabras sancta cum pania, santas ánimas del país, no dejan lugar a muchas dudas, mientras que para otros, el nombre Estantigua no es sino un apócope de "Hueste Antigua", esto es, enemigos antiguos, la horda de los diablos. En cualquier caso, para que los muertos sin descanso recorran su país lo menos posible, hay quien deja ofrendas en los petos de ánimas que se hallan en ciertos caminos.


¡Válgala el diablo a esta vieja, con qué viene como estantigua a tal hora!
Fernando de Rojas, "La Celestina".

Se dice de la Santa Compaña que, en figura de procesión con una o dos filas, recorre los caminos en las horas de oscuridad, usualmente entre la Medianoche y el amanecer. Todos sus miembros van cubiertos con lo que parecen ser hábitos o más bien sudarios, y portan luces con las que pueden ser vistos desde lejos, cirios mortuorios que emiten un fulgor pálido y que, en las narraciones más floridas, suelen estar hechos con huesos de muertos. No desvían la mirada ni hablan con nadie, si exceptuamos un débil rumor de oraciones, y nada puede apartarles de su camino. Los más fantasiosos señalan que les preside un espectro especialmente pavoroso, pero lo que admiten todos es que el ser que abre la procesión no es un muerto, sino un vivo, cargado con una cruz.

En efecto, si alguien se encuentra con la Santa Compaña su destino está sellado, pues el anterior guía será liberado y sustituido al instante por él mismo, que, en un estado de vigilia inconsciente, tomará la cruz que su antecesor le ofrece y partirá al frente de los muertos, sin mirar atrás. Los que afirman haber conocido a alguno de esos viejos guías de la Santa Compaña relatan que esas personas aparecen encanecidas por el terror, y débiles, pálidas y demacradas como si no hubieran comido ni dormido durante días, fuera cual fuera el tiempo que hubieran permanecido desaparecidas. Incapaces de hablar, mueren a los pocos días, sin dar noticia de dónde han estado. Para el resto de los mortales, el camino que sigue la Santa Compaña, que tal vez pase por el País de las Brumas, es inasequible.

¿Cómo evitar tan infausto final? Quienes practican las artes prohibidas aseguran que es necesario hacerse a un lado, no mirar a la Santa Compaña pase lo que pase, trazar un círculo con una cruz inscrita en el suelo alrededor de uno, y rezar con fervor mientras se permanece dentro. La comitiva de ánimas, de hacer todo esto, pasaría de largo. Sin embargo hay disensiones en cuanto a qué posición tomar dentro del círculo, o incluso si éste es verdaderamente necesario, o lo son sólo los rezos. Lo que sí es de sobra conocido es que a la Inquisición (nada legendaria, sino muy real institución) no le gusta nada que se den por buenas estas leyendas ni que se tengan a gala estos conocimientos más o menos hechiceriles, en los que para colmo de males se andan mezclando cristianas oraciones...


Rüido de pasos de gente que viene
a compás marchando con sordo rumor,
y de tiempo en tiempo su marcha detiene,
y rezar parece en confuso son.
Llegó de don Félix luego a los oídos,
y luego cien luces a lo lejos vio,
y luego en hileras largas divididos,
vio que murmurando con lúgubre voz,
enlutados bultos andando venían,
y luego más cerca con asombro ve,
que un féretro en medio y en hombros traían
y dos cuerpos muertos tendidos en él.
José de Espronceda, "El Estudiante de Salamanca".

Por cierto que, según la leyenda tal cual la cuentan algunos, la Santa Compaña lleva, a hombros de los primeros que la componen, un ataúd. Razón más para apartar la mirada de ellos, pues es posible que dentro de esa caja se sorprenda la figura de uno mismo, y entonces la propia muerte, en pocas horas, es inevitable. Según otros esta historia nada tiene que ver con la procesión de las ánimas, sino con un nefasto culto brujesco que se organizó hace siglos, cuyas componentes salían de noche a rondar ataviadas con sudarios robados y sosteniendo antorchas fabricadas con tibias humanas las cercanías de las casas de sus enemigos, a los cuales perdían con su magia, haciéndoles enfermar y morir rápidamente. La existencia o no de estas brujas y la posible pervivencia en el tiempo de su organización son asuntos dudosos, nada claros todavía.

2 Voces se alzan :

Transmetropolitan dijo...

Vaya! Gran artículo. Pero claro, ya sólo con haber nombrado la Güestia me has ganado xD

Dark Mechanist dijo...

Que grande la santa compaña.
Muy interesante y didactico el articulo, no sabia que se la conocia mas alla de galicia ni la version del ataud, que , por cierto,me parece ya un poco menos genial.