De repente se alzó desde la profundidad un hombre desnudo hasta la cintura que me miró fijamente, de un modo espectral. Sus ojos, como su horrible risa, eran propios de un demente. El resplandor de la lámpara iluminó su rostro. Me reconocí a mí mismo y pensé que mis sentidos fallaban.
Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, "Los Elixires del Diablo".
En las fechas señaladas para referir historias de terror, es raro no escuchar ciertas anécdotas que, suenan tan parecidas pese a sus variantes, que se dirían versiones de la misma leyenda, si no fuera porque el narrador suele jurar y perjurar que fue testigo directo del asunto. A veces se trata de la aparición de una persona conocida que se halla en realidad en otro lugar, que poco después de la visión, cae repentinamente enferma. Otras, de alguien que llega a su hogar o a su lugar de trabajo, para al cabo de poco desaparecer de golpe. Cuando algo después llega la misma persona, asegura no haber estado allí antes y muestra no saber de qué le hablan. Los testigos de esto suelen tomárselo como una advertencia ominosa sobre la fortuna de esa persona en particular, pues muchas veces le sobreviene en breve una enfermedad o accidente. Aún otros llegan más lejos, y aseguran que tal o cual paisano se encontró con una figura que era la suya propia enteramente… Y que el terror de este encuentro con uno mismo precede a una muerte inminente.
¿Quién es este doble? En las tierras del Norte le han llegado a poner nombre: En alemán, es el Doppelgänger, el "doble caminante", y los escandinavos lo llaman vardøger, palabra que describe la señal invisible de la pronta llegada de alguien.
¿Por qué augura desastres o enfermedades? ¿Y porqué su encuentro es fatal? Tal vez sea algún espíritu de sutilísima substancia capaz de tomar la forma de los demás, para aterrorizarlos y llevarlos a la ruina. El Diablo, a fin de cuentas, opera de muchas maneras buscando siempre la perdición del hombre… Si ese doble existe de verdad, podría ser que mientras uno vive una vida laboriosa e inocente, esa sombra capaz de caminar con pies mortales se dedique tal vez a la violencia y la degeneración. ¿En qué podría ampararse ese inocente, si se descubren unos crímenes que llevan su huella, pero que simplemente no recuerda haber cometido? ¿Quién no reconocerá en las temerosas negaciones de los (sin duda) propios actos, la mentira o directamente la locura? La justicia no podría admitir la superstición como válida, si esta fuera invocada, y haría caer su peso sobre el inocente. Tal vez le aguardara incluso el castigo divino. ¿Quién sabe?

-¿Quién eres?
-Soy el hombre que debía casarse con la muchacha que tú no habrías elegido, que debía tomar el otro camino en el bivio, beber del otro pozo. Al no elegir has impedido mi elección.
-¿Adónde vas?
-A una posada distinta de la que encontrarás tú.
-¿Dónde volveré a verte?
-Colgado de una horca distinta de aquella en la que te habrás colgado tú.
Italo Calvino, "La Taberna De Los Destinos Cruzados".
Hay quien tiene, no obstante, una visión distinta de todo esto. Precisamente en las lejanas tierras de Escandinavia, donde la Vieja Religión que se profesó ha caído en el total olvido y sólo es objeto del desapasionado estudio de algunos eruditos y curiosos, es el pueblo más humilde el que retiene alguno de sus conceptos, y uno es el de fylgja. Quiere esta palabra decir parte del alma que es capaz de desprenderse y vagar lejos de su dueño, de tal manera que uno no es conocedor de lo que vive esa parte de su propio espíritu. En aquellas tierras cuentan que ese doble se presentaba a veces, a la hora de la muerte cercana, en figura de un animal que fuese querido por la persona o comparable por sus pasiones a esta, lo cual no deja de ser apropiado en gentes muchas veces tan agrestes como su propio país. Tuviera o no forma humana, la fylgja era reconocida inmediatamente por quien la veía como su doble. A veces sucede que, en una casa en la que haya un moribundo, una sola ave (como un cuervo o un búho) se posa durante uno o dos días enteros en el tejado o en un árbol visible desde la ventana, y sólo tras producirse el fallecimiento echa a volar repentinamente para no ser vuelta a ver.
(La primera imagen es el fragmento central del cuadro de Dante Gabriel Rossetti, "How They Met Themselves".)