
Algunos simplemente son esclavos cristianos que, habiéndose convertido a la fe de sus amos, recobran su libertad y se ven necesitados de sobrevivir en aquella nueva patria (a este tipo de liberto se le llama "elche", igual que el esclavo musulmán que se convierte al cristianismo es llamado "tornadizo"), mientras que otros, procedentes de las Españas y siendo descendientes de conversos, han añorado la religión de sus abuelos y han dado la espalda a su reino de origen. Sin embargo, a otros más simplemente les tentó la oportunidad de hacer una buena carrera en las armas turcas, dirigiéndose a una de sus plazas para alistarse, a veces incluso tras desertar de algún otro ejército al que pertenecieran.
Los renegados, sin embargo, son tenidos entre los musulmanes por poco menos que bandidos, viéndose obligados a moverse en los ambientes marginales de la sociedad, lo que fuerza su relación con piratas, criminales y comerciantes judíos o venecianos poco escrupulosos. Un renegado capturado por fuerzas cristianas no puede esperar sino ir a parar a manos de la Inquisición. Uno que quiera, de hecho, volver al seno del cristianismo debe antes entregarse a esa siniestra institución, que le juzgará con la dureza característica.
(La ilustración de esta entrada es un fragmento de una viñeta de Alberto Salinas.)
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