viernes, 17 de diciembre de 2010

Roma (02).

El Castel Sant'Angelo.

Emplazada a la vista del Monte Vaticano pero situada hacia al centro de la Ciudad, al lado del río, se halla una fortaleza circular de aspecto solemne a la vez que inexpugnable, una gran masa que se alza dominando sus alrededores. Es el Castel Sant'Angelo, que fue construido sobre el Mausoleo de Adriano y transformado en una fortificación con el paso de los siglos, sirviendo como cárcel primero y como parte de las posesiones papales después, hasta que bajo el mandato de Sixto VI, el Papa Borgia, sufrió sus últimas modificaciones hasta la fecha. Se acondicionaron en el interior las salas reservadas al Pontífice para que sirvieran de biblioteca, apartamento, loggia de reunión y salas de descanso, siendo decoradas con todo gusto artístico y comodidad. Desde entonces, esas estancias están llenas de parte de sus lujosos efectos personales del Sumo Pontífice, que puede retirarse aquí cuando lo considere oportuno, rodeado de muros insuperables, apartado de atenciones indeseadas y de ojos indiscretos.

Un corredor elevado y amurallado, llamado Passetto di Borgo por el nombre del barrio sobre el que cruza, une los palacios pontificios con la fortaleza de Sant'Angelo. Tiene una media milla de longitud y unos 10 metros de altura, y fue por allí por donde cruzó el Papa Clemente VII durante el Saco de Roma, para guarecerse en ella durante un mes. Algunos rumores de poco fiar dicen que, en los años siguientes y en total secreto, las comunicaciones entre la fortaleza y los palacios se reforzaron mediante pasadizos subterráneos, pero es un extremo que nadie podría confirmar.

La Basílica de San Pedro y la cuestión religiosa.
Y como muchos opinan que el bienestar de las ciudades italianas nace de la Iglesia Romana, quiero contradecirles con algunas razones (...). La primera es que por los malos ejemplos de aquella corte ha perdido Italia toda devoción y toda religión, lo que tiene infinitos inconvenientes y provoca muchos desórdenes, porque así como donde hay religión se presupone todo bien, donde ella falta sucede lo contrario. Los italianos tenemos, pues, con la Iglesia y con los curas esta primera deuda: Habernos vuelto irreligiosos y malos (...).
Maquiavelo, "Discursos sobre la primera década de Tito Livio".

Aunque Roma haya sido hasta hace poco la única cabeza de la cristiandad occidental, aunque la ciudad acoja a tantos peregrinos al año, esté habitada por tantos eclesiásticos y goce de tantos lugares de culto, el pueblo romano no es especialmente pío. La cercanía con la corte papal, en la que conviven los abusos del poder y, habitualmente, los refinamientos del pecado, es capaz de desalentar a muchos creyentes. Por una parte, los Papas están habituados a hacer vida principesca, guiándose por el lujo y comportándose como aristócratas especialmente indulgentes. Aunque ocasionalmente puede surgir uno más preocupado por la fé que por el placer, últimamente el caso suele ser el opuesto, y tanto las públicas fiestas y derroches como las privadas orgías y equívocos juegos sólo conocidos en susurros ponen de manifiesto lo alejados que en estos años suelen estar los Sumos Pontífices del modo de vida del común de los creyentes, y, como afirman los más incómodos, de la verdadera fé. Sólo la creencia en Dios y en sus leyes, que a fin de cuentas no dependen de ser humano alguno, o el temor a ser considerados herejes o rebeldes mantiene a muchos en la obediencia a la Iglesia.

Tan pronto la moneda en el cofre resuena, el alma al Cielo brinca sin pena.
Lema del predicador Johann Tetzel, vendedor de indulgencias.

Por otra parte, que el Trono de San Pedro está rodeado de nepotismo, simonía y otros escándalos, y que incluso se apoya en ellos, está a la vista. Todos saben que el siguiente Papa intentará arrebatar de las manos de los parientes y amigos de su predecesor los cargos, prebendas y riquezas que él quiera dar a sus favoritos, o que quiera conceder a sus sobrinos, que muchas veces no lo son aunque no pueda afirmarse en voz alta. Las acusaciones de traficar con materia de salvación son, por otra parte, una piedra angular del protestantismo: Si la reconstrucción de la Basílica de San Pedro, que está siendo erigida como nuevo monumento a mayor gloria de Dios, no estuviese siendo financiada con la venta de indulgencias, el rebelde Lutero no se hubiera opuesto al dominico Johan Tetzel ni al propio Príncipe Arzobispo de Maguncia Albrecht von Brandenburg, encargado ambos por el Papa de la marcha de ese negocio en el Sacro Imperio, ni acaso hubiera sido fácil para los enemigos de la eclesiarquía iniciar sus revueltas, sin poder basarse en ese argumento, por más que rechacen la guía espiritual del Papa, por razón de sus muchos pecados…

Papas de 1471 a 1565.
1471 – 1484 Sixto IV (Nacido Francesco della Rovere).
1484 – 1492 Inocencio VIII (N. Giovanni Battista Cybo).
1492 – 1503 Alejandro VI (N. Rodrigo de Borgia).
1503 Pio III (N. Francesco Todeschini Piccolomini).
1503 – 1513 Julio II (N. Giuliano della Rovere), "El Papa Guerrero".
1513 - 1521 León X (N. Giovanni di Lorenzo de Medici).
1521 - 1523 Adriano VI (N. Adrian Florisz Boeyens), "El Pontífice Bárbaro".
1523 - 1534 Clemente VII (N. Giulio di Giuliano de Medici).
1534 - 1549 Paulo III (N. Alessandro Farnese).
1550 - 1555 Julio III (N. Giammaria Ciocchi del Monte).
1555 Marcelo II (N. Marcello Cervini).
1555 - 1559 Paulo IV (N. Giovanni Pietro Caraffa).
1559 - 1565 Pio IV (N. Giovanni Angelo Medici).

El Archiatra Pontificio.
El archiatra es tanto el médico personal del Papa como el protomédico de Roma, supervisor y vigilante de la práctica de la medicina, la botica y la cirugía en los dominios pontificios. Gracias a una dispensa especial, el archiatra es el único médico que puede efectuar legalmente la disección de cadáveres humanos para su estudio, utilizando cuerpos de fallecidos en los hospitales romanos del Santo Spirito y de la Consolazione que le son reservados a tal efecto. El doctor Bartolomeo Eustachi es encargado de este puesto en la década de 1540, siendo un galeno muy interesado en la investigación de campos anatómicos tan diversos como los vasos sanguíneos y el oído interno.

Los cubicularii.
La Noble Antecámara Secreta es parte de la Familia, aquella parte de la Corte Pontificia que, al contrario que la Capilla, no está compuesta necesariamente por eclesiásticos. Un especial honor que puede recibir un católico es ser nombrado cameriere segretto del Papa, puesto que implica estar al servicio directo de Su Santidad. También son llamados cubicularii, como los esclavos que en la época imperial cuidaban de los dormitorios de sus amos. Aunque su cargo es el de ayuda de cámara, el hecho de que el cuerpo esté compuesto por eclesiásticos y gentilhombres les exime de realizar labores serviles, así que muchos consideran que estos ayudas de cámara lo son de modo mayormente honorífico. Sin embargo eso no es del todo así, pues muchos actúan habitualmente como secretarios, mensajeros o ayudantes del Papa en cargos distintos y bien definidos. Los miembros laicos de este cuerpo, llamados camerieri di spada e cappa, tienen también puestos concretos como organizadores, intendentes, mensajeros especiales o coroneles de las guardias. Ambos grupos son, en general, los depositarios de los secretos más privados del Sumo Pontífice, y los ejecutores de sus más personales encargos.

Como pasa con otros miembros de la Familia Pontificia, un cubiculario puede haber sido distinguido a tal servicio de entre la nobleza romana como un premio u honor particular, o puede pertenecer a una familia que, desde incontables generaciones atrás, haya atendido directamente los deseos del Papa.

Las guardias papales.
Existen dos guardias papales, una de caballería, la Guardia de los Caballeros Ligeros, fundada en 1485, y otra de infantería, la Guardia Suiza, fundada en 1506. Esta segunda es especialmente famosa y notoria por su lealtad.

En principio estuvo formada por un grupo de 150 mercenarios suizos, expertos en el combate con armas de asta, mandados por el bravo capitán Kaspar von Silenen. Rafael en persona diseñó para ellos su uniforme, después de que se instalaran en Roma (uniforme en el cual, por cierto, no está basado el actual, que data de 1914 y se basa a su vez en aquel que llevaban a finales del XVI y principios del XVII, conformado principalmente por los colores de los Medici y a la moda de esos años). Tomaron como lema la frase "Acriter et Fideliter" ("con coraje y con fidelidad").

Pronto tuvieron oportunidad de mostrar su valor en diversas luchas. Cuando el capitán von Silenen murió en Rimini combatiendo contra mercenarios al servicio de España, fue sucedido en el mando por Markus Röist, uno de sus mejores hombres. A este líder, de tanta habilidad para las armas como para la política, y que murió también empuñando el acero, le sucedió su propio hijo, Kaspar.

Durante el Saco de Roma, la Guardia Suiza luchó contra los españoles y alemanes para abrir paso al Papa desde su palacio hasta el Castel Sant'Angelo, combatiendo metro a metro y paso a paso, con tal celo en proteger a su señor que de los 189 que eran quedaron con vida sólo 42, pereciendo también en el combate su capitán. Mientras el poder papal se restablecía en Roma, un grupo de lansquenetes y españoles fue encargado de velar por la seguridad del Sumo Pontífice. Éste quiso atraer a sus suizos supervivientes a formar parte de la unidad, para completarla, pero, desilusionados, sólo 12 de ellos aceptaron. A lo largo de los siguientes veintiún años, no obstante, más mercenarios católicos llegan de la Confederación Helvética para ingresar en la nueva guardia, con lo que la institución va recobrando la fuerza y la fidelidad acostumbradas en su anterior encarnación. En 1548, la Guardia Suiza está completamente recuperada como tal, y se halla bajo las órdenes de Jost von Meggen, quien aspira a que esta refundación de la Guardia Suiza sea definitiva.

La Inquisición Romana.
Es desde 1542, con los primeros avances de la Contrarreforma, que aparece la Romana e Universale Inquisizione, fundada con la bula Licet ab Initio por el Papa Paulo III. Pese a ser muy aficionado a los lujos y diversiones, este Pontífice no es precisamente un hombre blando, y tiene intención de realizar varias reformas en la Cancillería y los tribunales de la Iglesia que le permitan tener un control aún más directo de estas estructuras. La fundación de la Inquisición Romana se mueve en este sentido, pues se trata un tribunal inquisitorial permanente que no depende de ningún obispado, sino que es presidido directamente por el Papa en persona, y que está compuesto de un reducido número de cardenales de su confianza. Este nuevo tribunal ha iniciado sus trabajos vigilando especialmente las obras impresas de cualquier tipo y las actividades intelectuales de los propios eclesiásticos, pues tiene la intención de erradicar completamente cualquier herejía o "falsa doctrina", y se ha declarado con jurisdicción en todo territorio católico, si bien por ahora forzosamente debe limitarse a las Italias. Por ahora.