lunes, 17 de mayo de 2010

La Cabeza de Bronce.

(...) Se entró con él en un apartado aposento, en el cual no había otra cosa de adorno que una mesa, al parecer de jaspe, que sobre un pie de lo mesmo se sostenía, sobre la cual estaba puesta, al modo de las cabezas de los emperadores romanos, de los pechos arriba, una que semejaba ser de bronce.
Miguel de Cervantes, "Don Quijote".

El siguiente texto, del Blog Aventuras Extraordinarias, aparece aquí con permiso de Cadvalon, su autor.

Objetos de Poder: La Cabeza de Bronce.
En los círculos ocultistas se habla de diversas cabezas proféticas de bronce o latón, bien esculturas con dicha forma bien verdaderas cabezas humanas cubiertas de planchas de estos metales, las cuales, en determinadas circunstancias, poseen poderes para descubrir las verdades ocultas y desvelar los conocimientos más arcanos. Aunque algunas descripciones hablan de ellos como creaciones tecnológicas, producto de relojería y mecanismos primitivos, parece obvio suponer que la magia juega algún papel en su funcionamiento. Por ello diversos grimorios y textos ocultistas dan instrucciones para la creación de estos instrumentos afirmando que su poder deriva de ciertos símbolos y rituales que atan a un espíritu al objeto material que se convierte en su "vasija" y prisión. Los experimentos realizados con algunos de estos textos, se han demostrado infructuosos lo que me lleva a suponer que (al menos la versión de los textos que he podido consultar) el ritual descrito en los textos es incorrecto o, más probablemente, incompleto.

Se desconoce el número de estas Cabezas Bronce que existen realmente, y cuántas de estas son auténticas y "funcionan". La tradición habla de un número variable de las mismas, la mayoría creadas durante la Edad Media por diversos sabios, filósofos naturales y reputados magos. Una de las historias más conocidas vincula la creación de la misma a Roger Bacon (1214-1294), pero también se dice que Gerbert d'Aurillac (945-1003), que sería papa con el nombre de Silvestre II, o el valenciano Anrnau de Vilanova (1235-1311), sólo por citar unos cuantos, habrían conseguido tal prodigio. Pero incluso sabios de la antigüedad fueron vinculados a esta clase de oráculos, se asegura que el gran poeta Virgilio poseía una y ya en la antigüedad tardía también el filosofo Boecio (480-524/525) contaría con el consejo de una de estas. En una subasta en la famosa casa de Ausperg Viena durante los años 20 se subastó una de estas cabezas de bronce, según el catálogo un ejemplar alemán del siglo XIII, relacionada posteriormente con una serie de cruentos asesinatos, nunca suficientemente explicados.

Hay quien afirma que esta clase de artilugios tienen un origen bíblico, o al menos la Biblia proporciona los ejemplos más antiguos. El Antiguo Testamento habla en varias ocasiones de los teraphim, traducido normalmente como ídolos, objetos adorados por los antiguos cananeos, abandonados a regañadientes tras la conversión al monoteísmo; estos textos no proporcionan ninguna descripción de los mismos. Diversos comentarios antiguos sobre el texto hablan de ellos como ídolos en forma de cabeza humana, otros afirman que se trata de verdaderas cabezas momificadas, bajo la lengua de las cuales se introducía una pequeña pieza de metal con símbolos mágicos grabados. El rabino David de Pomire, entre otros, dice que estas siniestras figuras, bajo unas condiciones astrológicas concretas, en determinadas horas, de determinados días, servían como oráculo para sus poseedores. Es posible que los sellos y símbolos utilizados hoy día provengan de la tradición cananea prebíblica, o quizás de fuentes más antiguas filtradas a través de esta.

En el mundo clásico el modelo mitológico para estos instrumentos podríamos rastrearlo en la leyenda de Orfeo, cuya cabeza decapitada, pero aún capaz de hablar y cantar, sería llevada por las olas hasta la isla de Lesbos junto con su lira. Allí, en una cueva cerca a la ciudad antigua de Antissa, se habría establecido un oráculo pero tiempo después este habría sido acallado por el dios Apolo, según la "Vida de Apolonio de Tiana", por desviar a los peregrinos de su propio oráculo en Delfos. Por ello es posible que estas cabezas en el entorno influido por la cultura clásica sean conocidas también como cabezas u oráculos de Orfeo. Si nos vamos a otros paralelismos mitológicos podemos encontrarnos con la cabeza del dios Bran del "Mabinogion" galés o la cabeza embalsamada del sabio gigante Mímir, que aparece en la "Heimskringla".

Cada una de las cabezas de bronce existentes se trata de la prisión de un espíritu, demonio o servidor de los Otros Dioses que es mantenido prisionero de la misma mediante los sellos y glifos que la decoran. No sólo eso, sino que esos símbolos igualmente le obligan a contestar la verdad, hasta el límite de sus conocimientos, a las preguntas que se le realicen. Sin embargo es necesario pagar un precio por este conocimiento, la cabeza debe ser alimentada con sangre fresca antes de cada consulta, aunque esta no tiene que pertenecer necesariamente a la misma persona que realiza la pregunta. Algunas descripciones afirman que la cabeza sólo puede contestar con "sí" o "no", pero otras admiten que seguramente la contestación sea más prolija. Aunque se dice que la cabeza no puede mentir sí puede dar información interesada u ocultar parte de la verdad, normalmente con la peor intención posible. Cualquier rotura de la cabeza o deterioro de los sellos puede liberar al espíritu, normalmente enfurecido por los años (incluso siglos) de aprisionamiento y servicio.


La Cabeza de Bronce para FUDGE Feldkirch (adaptación de lo indicado por Cadvalon).
Cualquier persona que quiera utilizar una de estas Cabezas necesita verter una cantidad significativa de sangre sobre ella, entre medio litro y un litro. Se supone que la sangre debe ser humana, si bien se ignora si necesita acompañarse de alguna fórmula mágica o si bien el contacto de la sangre con la Cabeza, aunque sea accidental, basta para "despertarla". Seguramente, sólo el poseedor de una de esta Cabezas pueda decirlo.

A cambio, puede realizar a la cabeza una única pregunta relacionada con su área de conocimiento (normalmente Adivinación, Alquimia, Brujería, Cábala, Ciencias, Hermética o Historia) que le permite utilizar la Habilidad de la cabeza (que es absolutamente legendaria y, si es necesario tirar, cuenta como un +5) en vez de la suya propia para una única tirada. Lógicamente, el DJ puede usar las respuestas dadas por la cabeza (o lo que se haya dejado en reserva por no ser preguntada directamente) como trasfondo de la partida, ayudando a hacer avanzar la trama.

Es posible hacer más de una pregunta, vertiendo la misma cantidad de sangre cada vez. Si proviene de la misma "víctima" (que puede ser el propio inquiridor), debería poder recuperarse bien de la primera pregunta, a la segunda debería superarse una tirada de Redaños de dificultad Normal para no caer en la inconsciencia, quedando al borde de ella, y la tercera puede directamente llevarle a la muerte, siendo necesaria una tirada de Fortaleza a dificultad Buena para quedar simplemente Herido (en materia de juego, eso sí, con las dos casillas marcadas).