lunes, 10 de mayo de 2010

La Luna Negra.

Hay en todo el Mediterráneo oriental, según dicen, una hermandad secreta de asesinos que opera al margen de todos los monipodios y gremios criminales conocidos. Su origen radicaría en algún punto del Levante, aunque algunos piensan que sería aún más oriental y que su llegada a la cuenca del mar tendría como único motivo su expansión entre las capas más desfavorecidas y ocultas del Imperio Otomano. Su nombre, pronunciado siempre con reservas y nunca dado a la luz sino como parte de rumores y murmuraciones, es la Luna Negra.

Muy poco puede decirse de esta organización. Sus miembros se alquilan, según se dice, como asesinos a sueldo. El rumor afirma que son un grupo salvaje, y que cuando lo hacen atacan de noche, absolutamente ebrios de kif, enloquecidos e incapaces de sentir dolor o de refrenar su violencia. Su aspecto recuerda en algo a los tuareg, pues van vestidos con ropas de beduino negras, y todos llevan al cuello un colgante con el que se identifican, una luna creciente de ébano o azabache con las puntas hacia arriba. Se arman con puñales y cimitarras y, en grupos, caen sobre la casa de su víctima y allí acaban con quien encuentren. Su crueldad e impredecibilidad, además del secretismo que les rodea, hace que ni siquiera los más poderosos criminales o los intrigantes más turbulentos se relacionen con ellos.

La verdad sobre la Luna Negra se ignora, y en cualquier caso estos rumores tienen algo de falso y algo de cierto. La Luna Negra, de hecho, sí es un grupo de asesinos a sueldo, y aunque no deba ser muy numerosa, sea porque gran parte de sus miembros son itinerantes, o sea porque sólo tiene sedes muy concretas pero alejadas entre sí, está geográficamente muy extendida. Desde Persia y la costa mediterránea de Anatolia hasta El Cairo, Túnez y Argel es posible encontrar a alguno de sus miembros, aunque no se sabe qué hay que hacer para contactar con ellos si se quiere contratarlos. Aparentemente, piden un pago económico, como cualquier bravo o matón vulgar, pero ahí terminan las similitudes.

La Luna Negra no está, en efecto, integrada en ninguna hermandad local de criminales. Al no contar con la colaboración de mendigos, prostitutas o mercaderes, el trabajo de espionaje o de observación de su objetivo lo llevará a cabo, como cualquier otra de sus operaciones, alguno de sus propios miembros, bajo el disfraz que sea oportuno. Siempre estará preparado para identificarse ante algún compañero, pero por lo demás será difícil descubrir a uno de estos espías, pues podría ser cualquier visitante (como un criado ajeno o un vendedor ambulante). Hacia la medianoche, un grupo de asesinos de unos tres a cinco miembros llegará al lugar oportuno para liquidar a su víctima, generalmente su propia casa, valiéndose de la información dada por el compañero. Pese a la opinión habitual, no atacan drogados ni enajenados, aunque sí es cierto que evitan dejar testigos de cualquier tipo tras de sí, con lo que las víctimas pueden ser varias… Aunque sólo hayan cobrado por una. Lo que sí se ignora forzosamente sobre ellos es que, cuando están ante aquella persona por cuya muerte han sido pagados, el que vaya a asestar el golpe mortal recita si tiene tiempo unas frases, siempre las mismas: "Reúnete con los que son materia de gusanos. Disuélvete con ellos. Nutre a la tumba que te albergará. Vuela a la Luna Negra".

Por qué operan de esta manera tan ajena a lo habitual es otro misterio que se une al de su origen y que aparentemente los diferencia de unos simples matones, con lo que surge la duda de cuales serán sus verdaderas intenciones. Algunos piensan que están usando el precio de sus actividades asesinas para financiar algún proyecto desconocido. Si se preguntara a algún experto en filosofía oculta por el amuleto que llevan estos asesinos, probablemente le despistaría el hecho de que la Media Luna es un símbolo muy conocido y habitual entre gentes del Islam, pero que represente una luna con las puntas hacia arriba y el color negro le podrían traer a la memoria algunos espantosos conocimientos acerca de la oscura diosa cuyo culto se celebró en el Levante, entre los acadios y otros pueblos, durante siglos.

La Luna Negra está inspirada en los personajes del mismo nombre aparecidos en un episodio del cómic "Dago", de Robin Wood, ilustrado por Alberto Salinas. Las dos ilustraciones pertenecen a ese cómic.