jueves, 8 de abril de 2010

La corte de los venenos (01).

Los teóricos que investigan acerca de las relaciones entre las substancias curativas y las maléficas, saben que algo que en una dosis medida es beneficioso, en gran cantidad puede ser venenosísimo. Como afirma Paracelso, "Todo es veneno, nada es veneno, sólo la dosis hace el veneno". En una botica cualquiera hay productos que pueden llevar a la muerte a quien los consuma, desde el evidente matarratas hasta el láudano preparado por los espagiristas.

Sin embargo, hay quien se especializa en la investigación y el manejo de preparados que sólo siven para matar. El asesinato de los enemigos políticos como medio definitivo para librarse de ellos y el uso de venenos para alcanzar ese fin, nunca ha sido tan raro como podría parecer, y cuanto más exageran las leyendas más ocultan sin embargo verdaderos casos de envenenamiento, o al menos intentos de ellos, llevados a cabo a veces en las más altas instancias.

Mediante el veneno se han obtenido ilícitamente riquezas, esposas cruelmente tratadas o a veces simplemente aburridas se han liberado de sus tiranos, y han cambiado de mano mitras y coronas. También se han cumplido venganzas, si bien deshonorablemente, lo que no ha podido restaurar el honor de nadie y sólo ha afectado en lo moral a la conciencia o falta de ella del envenenador. No puede haber un medio más cobarde, y sin embargo, como suelen ser los que ofrece el Maligno, es rápido y es terminante: En unas manos débiles y delicadas es un arma que puede causar mayor destrucción que cualquier acero en otras más fuertes. En cualquier corte, y siempre teóricamente, el envenenamiento es un temor permanente, puesto que incluso lo que estuviera destinado a una persona puede acabar en boca de otra.

Es en Italia donde estas malas artes hallan mayor uso. Es allí, en Roma, Florencia, Nápoles o Venecia, donde se hallan sus verdaderos maestros y teóricos, mujeres y hombres conocedores de los orígenes, usos y medios de fabricación de las substancias tóxicas más sutiles y menos detectables... Sean aristócratas que preparan para su familia un arsenal paralelo a aquel que se usa en la guerra, o sean villanos que, a sueldo y bajo la protección de una de esas familias, preparan para ellos brebajes o pociones destinadas a sus enemigos. En el caso de los profesionales del envenenamiento, su notoriedad sólo es conocida en secreto por la red de sus clientes y colaboradores. Además de los italianos, algunos de "renombre" son franceses o españoles.

¿Dónde está el veneno?
Aunque todavía es de utilidad una correcta formación en Naturalismo a la hora de reconocer y hallar plantas o animales ponzoñosos, son necesarios unos Buenos conocimientos de Botica para conocer de cuales de ellos pueden obtenerse substancias venenosas y en qué cantidad, y extraerlos y darles su mayor potencia puede ser difícil y requerir un buen laboratorio. A veces, en mazmorras apartadas, se llevan a cabo erráticos experimentos, como dar de comer a animales venenosos otros animales venenosos, con la esperanza de que en los primeros aumente la toxicidad y concentración de sus humores. Si estas ocurrencias tienen éxito o no lo tienen está por verse.

La sofisticación de la alquimia ha llevado al aislamiento de elementos de origen mineral, fáciles de disolver en bebidas o de combinar con alimentos. El arsénico, que puede ser obtenido del oropimente amarillo usado como pigmento en pintura y habitual en los laboratorios alquímicos, es acaso el más importante. Algunos compuestos líquidos que lo incluyen, acque como la Acqua de Peruzzia, son bien conocidos por los maestros envenenadores italianos y parecen estar detrás de algunas notorias muertes.

Llegando hasta la víctima.

El olor es inconfundible. El arsénico no perdona...
Patrick Cothias, guión de "Masquerouge".

Los venenos provenientes de animales suelen enfermar a alguien si los ingiere, pero para ser mortales deben ser inyectados, como sucede, por ejemplo, cuando se sufre la mordedura de una sierpe. Ni que decir tiene que los villanos con gusto por los planes espectaculares pueden ser capaces de esconder escorpiones y víboras en camas ajenas...

Evidentemente es mejor usar otros medios más sofisticados, provenientes de laboratorios humanos, que deben por lo general ser ingeridos para que actúen sobre su víctima. Se han conocido anillos con compartimentos que guardan una cápsula secreta presta a deslizarse hasta la bebida de un invitado, y platos servidos en banquetes en los que algún caldo necesario para la elaboración de la salsa había sido sustituido por una infusión nada recomendable. Otras variantes, en forma de pomada o aceites, pueden ser administrados a través de la piel o de una mucosa. Unos guantes de tela que resultan estar húmedos o un ramo de flores de proveniencia desconocida pueden ser en realidad una trampa mortal, y unas gotas vertidas en el oído de un durmiente pueden hacer que no despierte jamás.

Armas envenenadas.
Las armas envenenadas son mucho menos útiles de lo que podría pensarse, con lo que no son usuales. Un veneno líquido o en polvo no es fácilmente aplicable a la hoja de un cuchillo, y además sus propiedades pueden verse alteradas por la exposición al Sol o simplemente al aire. Si es necesario inyectar un veneno se debe recurrir a algún accesorio como una aguja o bien, sí, a un arma pequeña y manejable como un puñal, pero siempre y cuando se aplique el veneno al objeto y este inmediatamente se utilice para herir, sin dejar pasar el tiempo (En términos de juego, podría ser necesario herir en el turno siguiente a la aplicación). Ni que decir tiene que en según que círculos se pueden oir rumores sobre anillos con pequeñas agujas capaces de arañar a alguien "por accidente" con fatales consecuencias o sobre estiletes con compartimentos de veneno ocultos en la empuñadura que se pueden abrir en el momento indicado...

Entre los habitantes del Nuevo Mundo o del África parece ser que no es raro manejar primitivos pero efectivos venenos que se impregnan en la punta de flechas y proyectiles de cerbatana. Desde los primeros viajes a las Indias Occidentales, los marineros pudieron observar como se utilizaban para la caza o como arma de guerra. Algunos tuvieron la mala fortuna de morir víctimas de una de estas armas, como el explorador Juan de la Cosa en 1510. Los medios que utilizan no se conocen del todo, pero parecen pasar por mezclar extractos de plantas hasta que toman una consistencia pegajosa que los hace más fáciles de aplicar en la punta de una flecha, o por matar algún insecto ponzoñoso aplastándolo contra esa punta momentos antes de utilizarla.

Efectos del veneno.
Huelga decir que cada veneno tiene sus propios efectos. Los compuestos de arsénico y cianuro tardan poco tiempo en actuar, pero, claro está, no son inmediatos. Ambos causan aumentos de pulso, mareos, palidez, sudor, y finalmente matan por asfixia. El primero debe ingerirse para ser efectivo, pero sus efectos antes de causar la muerte son más dramáticos, causando visiones y dificultad para hablar, y aumentando la fuerza y ritmo de las pulsaciones hasta el punto de que los latidos de corazón de la victima se oyen por quien esté a su lado. El segundo causa un fuerte sonrojamiento de la piel del envenenado y además tiene un lejano olor a almendras amargas, pero por lo demás, aunque igual de mortal, resulta menos violento. No hay ningún antídoto que sea de común conocimiento contra estos venenos, y, si existe, es posible que sólo esté en manos de los propios maestros envenenadores, que lo habrán desarrollado en secreto.

Algunos venenos de origen vegetal, como los basados en la cicuta y la belladonna, son igual de fulminantes. Aunque no tarden mucho en actuar (la cicuta solo media hora después de ser tomada), la muerte tarda horas en llegar. Necesitan ser ingeridos y su efecto es paralizante y muy doloroso, con un ralentizamiento acusadísimo del pulso, y posibles efectos agónicos aterradores como pérdida de la vista o del control de los movimientos del cuerpo. Algunos de estos venenos tienen antídotos conocidos, otros no.

En cuanto a los venenos de origen animal, es necesaria una buena dosis y suelen ser de acción lenta. Generalmente empiezan a causar sus efectos más evidentes entre dos y ocho horas después de su inyección, tras los cuales comienza el pulso irregular, los espasmos, la sudoración excesiva y las dificultades respiratorias debidas al encharcamiento de los pulmones. Desde ese momento y como mucho en un día o dos, la muerte sobreviene por ahogamiento o por ataque al corazón. Eso sí, hace falta que el veneno provenga de una criatura verdaderamente exótica para que no se conozca un antídoto...

En términos de juego, los personajes no deberían poder hacer una tirada de Fortaleza para intentar "no morirse". Si se han envenenado, están envenenados. Otra cosa es que se quieran sobreponer a un veneno no mortal, en cuyo caso simplemente es el DJ el que decide si esto puede hacerse o no, o que quieran luchar contra los síntomas del envenenamiento, que anuncia que lo que tienen en el cuerpo está haciendo su efecto... Los venenos, a fín de cuentas, deberían aparecer como un recurso dramático en manos tanto de PJs como de PNJs y sin caer en cosas como cambiar los efectos de una substancia de una partida a otra, es posible que en cada una ocupen el lugar necesario.